lunes, 24 de marzo de 2025

PASIÓN POR LA HISTORIA


Por José Melero - @JoseMelero1

Desde siempre me sentí atraído por la historia del fútbol. Siendo un niño, mi padre me hablaba de aquel Sevilla FC que ocupaba sus tardes de ocio en su juventud, en los primeros años cincuenta, en aquella Sevilla de posguerra. Un Sevilla FC en blanco y negro con el que fantaseaba y unos jugadores que se convirtieron a fuerza de oír sus gestas en mis primeros ídolos. Campanal, Busto, Pepillo, Arza, Domenech… y don Ramón Sánchez Pizjuán. Todo un señor me decía mi padre.

Rulaba por mi casa una historia del Sevilla FC que creo recordar le había regalado a mi padre un tío mío. Tres tomos que editaba "Biblioteca de Ediciones Andaluzas", con la firma de Manolo Rodríguez López, Tomás Furest Rivero y José Manuel García González, con Manolo Ruesga Bono como responsable gráfico. El prólogo era del presidente sevillista Eugenio Montes Cabeza. Todavía anda por mi casa. Recuerdo  preguntarle a mi padre por tal o cual jugador, por tal o cual partido y por las mil y una anécdotas que da el futbol y que yo suponía que él había conocido de cerca.

Con los años comencé a intentar empaparme de la historia del Sevilla FC, leía todo lo que llegaba a mis manos. Poco, la verdad, puesto que en aquellos años desgraciadamente el club no se preocupaba por transmitir una imagen actualizada de su historia.

Luego llegó el Centenario y me topé por casualidad con un libro que iba a despertar mi curiosidad y mi hambre por investigar. Se trataba de "Primeros pasos del foot-ball sevillano", escrito por el que luego sería mi amigo Juan Castro Prieto. Ese libro supuso todo un descubrimiento para mí, por lo novedoso, por como estaba escrito y porque relataba una historia que no era la que yo había leído antes. Una historia llena de tópicos, clichés y leyendas urbanas que no estaban documentadas y que, sin embargo, estaban muy extendidas en el subconsciente de los aficionados al fútbol en nuestra ciudad.

Tras leer el libro, que devoré en poco tiempo, y con ese escepticismo que siempre me ha acompañado, me dirigí a la Hemeroteca Municipal, a comprobar que todo lo que se escribía en él era cierto. Hay que señalar que aún no conocía a Juan y, por lo tanto, no conocía de su honradez y rigurosidad. Me pegué varios días en la Hemeroteca verificando todas y cada una de las citas que acompañaban al texto. Un día tras otro iba en peregrinación a la calle Alhóndiga a saciar mi curiosidad. "El Liberal", "El Correo de Andalucía", "El Noticiero Sevillano", "El Porvenir"… Hojeando y ojeando los diarios que me iban a demostrar que además de que estaba escrito con una cronología impecable, se podría decir tranquilamente que todo lo que se había plasmado en esas páginas era de una autenticidad y de una veracidad incontestable.

Y como siempre digo, desde aquellos días no volví a salir de la Hemeroteca. En cuanto podía escaparme del trabajo, los días libres o los días que salía antes, me pasaba las horas y las horas buceando en archivos, revistas y en los periódicos microfilmados que allí había y que hacían que me sorprendieran por cada descubrimiento.

También es cierto que escogí una época de la historia fascinante, una época donde la transformación del futbol se plasmaba en la prensa y motivaba que mis ganas de investigar se incrementaran por cada hallazgo o revelación. Un fútbol donde sus protagonistas habían pasado de aquellos sportsmen altivos a unos jugadores que pertenecían a una clase social más baja, donde una prensa que apenas publicaba pequeñas reseñas futbolísticas escritas de forma irregular por los mismos protagonistas del balón, pasó a dar cabida a unos profesionales del periodismo deportivo que cada vez eran más extensos y ecuánimes en sus crónicas. El fútbol crecía, se transformaba y fluía de igual manera que lo hacía la sociedad. Y todo lo hacía de forma vertiginosa ante mis ojos. Se pasó de aquellos terrenos de juego sin vallar a modernos recintos con gradas y tribunas a las que accedían miles de personas pagando su correspondiente localidad. Se  incorporaron nuevos roles dentro de los clubes: entrenadores, secretarios técnicos, médicos, contables…

En definitiva, iba descubriendo como el fútbol  se iba abriendo paso y despertaba en mí una pasión por conocer su origen y su desarrollo. Una pasión por su historia.

martes, 18 de marzo de 2025

EL LEÓN Y LAS HIENAS

Por Carlos Romero - @CarlosRomeroSFC

“Sobre el león moribundo bailan las hienas, pero una hiena nunca podrá ser un león”.

Casi 60 años tuvieron que pasar para que el león alcanzase todo su esplendor nuevamente, aquél Sevilla campeón llegó a su ocaso en los años 60 atenazado por la enorme deuda que supuso construir el actual coliseo sevillista sin los ingresos que pueden producirse hoy en día más allá de la venta de entradas, lo que suponía la principal fuente de ingresos de los clubes de la época.

Aquello repercutía de forma directa en la parcela deportiva, la calidad de los jugadores se vio mermada y los resultados llevaron sus huesos a la Segunda División en varias ocasiones. Hablamos de un Sevilla FC mediocre, sin aspiraciones, conformista, cuya única meta era quedar por encima de sus rivales más inmediatos, algo impropio de un equipo triunfador.

Tuve la enorme suerte de conocer a Daniel Bertoni, aquel jugador que en 1978 se proclamó campeón del mundo con Argentina que ya se había comprometido previamente con el equipo sevillista. Recordemos que el jugador sólo pudo llegar al club con el empréstito de cada uno de los socios sevillistas para su fichaje, que aportaron 1.000 de las antiguas pesetas, un dinero importante para la época y algo inaudito en una afición, hecho que, entre otras cuestiones que hoy no relataremos, la hace única y diferenciada.

Me contaba Bertoni y las hemerotecas lo atestiguan, que llegó por primera vez al vestuario y notó cómo todos sus compañeros le ponían cara larga, se mostraban fríos y enfadados con él. El motivo fue que declaró a la prensa que había llegado al club para ganar títulos, algo que cualquier jugador sevillista contemporáneo firmaría, pero que, con perspectiva, viajando a ese momento histórico, era algo imposible en el imaginarium de los jugadores que se conformaban con intentar hacer un buen papel no descendiendo y quedar de media tabla para arriba, ese era en realidad el objetivo marcado. Bertoni les puso en un compromiso, apuntó a algo que seguramente sería imposible, pero que tampoco estaban por la labor.

Aunque en determinados momentos hubo buenos equipos conformados, lo cierto y verdad es que los dirigentes sevillistas tampoco fueron muy ambiciosos, no profesaban una mentalidad ganadora, el coctel perfecto de la mediocridad.

Pero, cosas del destino, al Sevilla FC le daba para seguir siendo el rey del sur de España con los éxitos cosechados en el primer tercio del siglo XX. Los 18 campeonatos de Andalucía -por más que sus rivales intentasen desprestigiarlos- los tres campeonatos de España y la Liga de 1946, prevalecieron antes de 2006 por más que pretendiesen el resto de clubes andaluces acercarse.

La realidad dicta, sin hablar de palmarés, que el Sevilla FC, actualmente, ostenta en la clasificación histórica de la Liga casi mil puntos más que el segundo, 1.500 goles más que el segundo, 22 temporadas en Primera División más que el segundo, cuyos datos son extrapolables a aquella época, el Sevilla FC debe imponer el peso de la historia en cada paso, en cada respiración, en cada gesto, en cada mirada, porque los aficionados del siguiente equipo andaluz en esta clasificación, por jóvenes que sean, no verán a su club empatarle en nada, fallecerán de viejos y su club deberá esperar a sucesivas generaciones por si tuviesen suerte. Sus victorias son y serán puntuales, unas motas de polvo en la inmensidad del Universo.

Muchos de los rivales se empeñan, vanamente, en hacer constar que son cosas del pasado y no del presente, pero se equivocan, el Sevilla es actualmente siete veces campeón de Europa, cinco veces campeón de España, súper campeón de Europa y súper campeón de España, amén de la Liga, en este mismo instante en que usted lee estas líneas.

La historia es pendular, la “Declaración de las Madeira” fue nítida, no se puede volver a los localismos y a las ligas particulares, sólo olvidándose de esas cuestiones locales se puede seguir construyendo un Sevilla FC campeón, no hay que caer en la trampa.

viernes, 14 de marzo de 2025

JOSÉ MARÍA ROMERO MARTÍNEZ Y LA GENERACIÓN DEL 27

Por Pedro José Sendra -  @pedrojosesendra

El Ateneo de Sevilla en el año 1927 a través de su presidente y del responsable de la Sección de Literatura acometió una arriesgada empresa articulada en una propuesta cultural que con su carácter vanguardista conectaría a la ciudad con las últimas tendencias de la literatura española y europea.

Una justificación, sin duda, el tercer centenario del fallecimiento de Luis de Góngora si bien no se puede ocultar la influencia de su metafórica obra cargada de antirrealismo sobre esta pléyade de jóvenes poetas que proponían una huida de la realidad en sus composiciones, propias del modernismo literario que preconizaban.

Aquel año se organizaron múltiples actos de homenaje con este motivo a los que asistieron algunos de estos poetas emergentes si bien el pergeñado por el Ateneo sevillano fue el más significativo y que pasaría a la historia de la literatura quizás porque su verdadero objetivo consistió en poner en escena a esta generación de noveles autores dotándolos de una cohesión y conciencia de grupo que hasta ese momento no se había conseguido en anteriores apariciones no resultando asunto baladí que este cúmulo de circunstancias fluyeran en el marco más apropiado como el ofrecido por la Ciudad de la Gracia, incomparable plató fuente de inspiración y prolífico manantial de larga trayectoria poética. 

Comentaba al principio el componente de riesgo que asumía el Ateneo sevillano y a nivel personal su Presidente de la Sección de Literatura, José María Romero Martínez, invitando a nuestra ciudad a este grupo de jóvenes, por aquél entonces inquilinos en la residencia de estudiantes de Madrid, porque a pesar de que ya eran destinatarios de cierto prestigio con sus primeras obras publicadas, colaboraciones en revistas literarias y algún que otro premio de relevancia aún no gozaban del reconocimiento que posteriormente obtuvieron ya que iniciaban sus primeros pasos en la literatura.

Pero… ¿Quién era José María Romero Martínez?

Sevillano, nacido un 3 de octubre de 1893 en la calle Sevilla nº 11 del aljarafeño pueblo de Olivares, localidad en la que vivió su infancia y adolescencia hasta los 14 años cuando su familia se trasladó a Sevilla al conseguir su padre este nuevo destino en su profesión de notario.

De su afición por la poesía queda constancia en sus primeros cuadernos escolares pero no será hasta el inicio de sus estudios universitarios de medicina cuando junto a un grupo de amigos con las mismas inquietudes literarias promueven la publicación de la revista Andalucía en 1911.

Paralelamente publica poemas en la revista La Exposición y a partir del año siguiente ya de forma prácticamente ininterrumpida en El Liberal de Sevilla hasta el año 1924.

José María Romero, junto a otros poetas jóvenes, comenzaba a formar parte de los escritores sevillanos vinculados al Ateneo de la ciudad siendo presentado oficialmente a la docta Institución en febrero de 1913 por su amigo y poeta José Muñoz San Román que refiriéndose a él comentó: «empieza por donde acaban otros galardonados paladines de la Poesía».

Así se refería a ellos José María Izquierdo:

«Había en el Ateneo de Sevilla un grupo de jóvenes que dieron en la manía de leer…de leer poesías y de hacerlas -en verso y en prosa- y de vivirlas. El amable rincón donde se reunían –un claro y alegre pasadizo que da a la Biblioteca- se llamó “el pasillo de los chiflados.”»

Una amplia nómina de ateneístas, entre ellos los tres citados anteriormente, compartían junto a sus dotes literarias sus afinidades con la estética deportiva de la “Escuela Sevillista” que practicaba el Sevilla Foot-Ball Club en la ciudad. 

En febrero de 1914 se editaba Romances de Primavera, primer libro de nuestro personaje con 45 poemas, dedicado a su amigo José María Izquierdo.

Hombre profundamente comprometido con su futura profesión funda junto con un grupo de estudiantes de medicina el Ateneo Médico Escolar en marzo de 1915 a través del cual canalizarían sus legítimas reivindicaciones ante la escasez de medios hospitalarios.

En los Juegos Florales organizados por el Ateneo para este curso 1914-15 celebrados el 17 de mayo en el teatro San Fernando la obra elegida para optar a la flor natural de entre las treinta presentadas fue la que llevaba por lema “A los hombres de buena voluntad” comprobándose a la apertura de la plica que correspondía al joven estudiante de medicina José María Romero Martínez tratándose de un canto a la paz para aquella primera contienda bélica mundial en curso.

Tras el fallecimiento de su padre D. Miguel Romero Sánchez en el año 1917 y finalizar ese mismo curso su licenciatura abrió consulta en la calle Pureza donde comenzó a ejercer como médico al mismo tiempo que ocupaba plaza como profesor auxiliar en el departamento de Histología y Anatomía Patológica de la Facultad de Medicina.

Durante estos años se acrecentó su fama personal de buen médico y popularmente se le conocía como el niño sabio de Triana.

Sus nuevas ocupaciones profesionales y académicas provocaron una disminución de su producción literaria pero no dejó de publicar nuevos poemas en la recién aparecida revista Grecia en 1918. 

Tres años más tarde, José María se presenta a las elecciones municipales para concejal por el distrito de Triana en las listas de la candidatura andalucista propuesta por Blas Infante.

Finaliza sus estudios de doctorado en 1923 y con tal motivo viajó a Madrid aprovechando al mismo tiempo para cumplimentar la invitación cursada por el Ateneo capitalino en el que se celebró una lectura de sus poemas.

En ese mismo verano aparece su única obra narrativa con el título de El Último Madrigal dentro de la colección “La novela del día” que dirigida por su hermano Miguel Romero Martínez realizaba publicaciones semanales con colaboradores de la talla de Chaves Nogales, Cortines y Murube, Muñoz San Román, Santiago Montoto, etc.

Resaltar que esta novela corta se la dedica José María a Luis Montoto y don Luis en carta manuscrita el 27 de agosto de 1923 le responde, entre otros agradecimientos, algo así: 

«La novelita es una joya digna de la concha en que cuajó; y usted, mi querido poeta, uno de los pocos ingenios que para escribir se lavan las manos y el pensamiento.»

El Ayuntamiento de Olivares en la sesión del 7 de febrero de 1924, acordó nombrar a José Mª Romero Martínez Hijo Predilecto de este pueblo, para premiar así su alto ejemplo de laboriosidad y los triunfos obtenidos en su brillante carrera y en el cultivo de las letras.

En abril de 1925 comienza una nueva faceta de su vida al contraer matrimonio con María Rossi y asumir otras responsabilidades profesionales pero hay constancia de cuatro poemas escritos en cuartillas con el membrete de «Subdirector del Manicomio de Miraflores», cargo que ganó por oposición en 1926.

Probablemente estos fueran los poemas que José María Romero recitara el 16 de noviembre de 1926 en la solemne apertura del curso 1926-27 en la que el Ateneo dedicó la velada a la conmemoración del séptimo centenario del tránsito de San Francisco de Asís y en el programa del acto figuraba en su segundo punto, lectura de poesías por don José Mª Romero Martínez.

Alcanzada la primavera de 1927 tuvo lugar un hecho relevante y decisivo para sucesos posteriores como fue el nombramiento de una nueva Junta Directiva en el Ateneo de Sevilla dirigida por Manuel Blasco Garzón en la que figuraban los escritores José María Romero Martínez y Alejandro Collantes de Terán como presidente y vicepresidente respectivamente de la Sección de Literatura.

Llegamos finalmente a la inauguración del curso 1927-1928 de la Sección de Literatura del Ateneo de Sevilla. No voy a entrar en excesivos detalles del acto por haberse tratado en multitud de ocasiones al ser el evento literario más conocido e importante de esta institución a lo largo de su historia considerado como hito fundacional de la Generación del 27 que da título a este escrito.

Para ello se utilizaron dos jornadas con lecturas poéticas en honor a Luis de Góngora, autor homenajeado, a cargo de los mejores representantes de la poesía vanguardista del momento.

Las veladas se celebraron finalmente los días 16 y 17 de diciembre, si bien habría que remontarse meses atrás y trasladarnos a las gélidas noches en aquellas salas del manicomio de Miraflores donde el Dr. José María Romero ejercía sus funciones como médico subdirector del centro hospitalario y comenzaba a dar forma en un primer momento a la estructura del evento gongorino seleccionando lecturas, manejando textos y poemas, eligiendo conferenciantes, etc.

Eran fechas en las que su viejo amigo Ignacio Sánchez Mejías, retirado de sus quehaceres taurinos por segunda vez pocos meses atrás, iniciaba su nueva afición por la literatura y pasaba este verano en la finca de Pino Montano que había pertenecido a su cuñado Joselito escribiendo una obra de teatro llamada “sinrazón”, una historia de locos, que provocaba sus constantes visitas al manicomio como trabajo de campo para su proyecto y mantenía largas conversaciones con el doctor Romero. Ambos tenían en común fuertes vinculaciones compartiendo, por una parte, la condición de ateneístas con un reciente interés por la literatura en el caso del torero y una larga trayectoria poética acumulada por José María Romero pero sobre todo, desde tiempo atrás, los lazos de afinidad existentes dada la filiación sevillista que compartían y continuaban alimentando como socios del Sevilla Foot-Ball Club, de carnet, en estas fechas.

Fruto de estos encuentros José María hace partícipe de su proyecto para el acto de inauguración del curso de literatura a Ignacio que se presta a colaborar contactando con la mayoría de los poetas que había ido conociendo en Madrid varias semanas antes de su retirada de los toros, a excepción de García Lorca que se encontraba en Cataluña preparando el estreno de Mariana Pineda.

El 28 de octubre de 1927 José Mª Romero como presidente de la Sección de Literatura del Ateneo sevillano junto con Alejandro Collantes de Terán, vicepresidente de la mencionada sección, «alma mater» de la revista Mediodía y amigo también de Ignacio presentan la propuesta a la Junta Directiva ateneísta presidida por su responsable último D. Manuel Blasco Garzón, expresidente sevillista un par de años antes, con gran aceptación por parte de esta última respondiendo que dispusieran de todo lo necesario para que las jornadas fueran organizadas con la mayor brillantez posible.

«Según los teóricos, para que pueda hablarse de una generación literaria es indispensable, entre otras cosas, la existencia de un acto que certifique su presentación pública»

…Y, en efecto, así ocurrió, dos veladas poéticas enmarcadas en la noche sevillana y un banquete de despedida en la Venta Antequera, esta vez sí, al mediodía, constituyeron los actos oficiales que presididos por Manuel Blasco y José María Romero en representación del Ateneo y su Sección de Literatura con sus correspondientes intervenciones pasaron a la historia de la literatura española y dieron nombre a la Generación del 27.

Se puede colegir, finalmente, de todo lo anterior la autoría del Excmo. Ateneo de Sevilla, con su presidente a la cabeza, en la logística, producción y financiación íntegra de los actos oficiales referidos como bien reflejan los asientos del Libro de Cuentas del mes de diciembre de 1927 donde se incluyen los gastos de viaje de los señores que protagonizaron las veladas, los de su alojamiento en el hotel París así como los del banquete en la clausura de los actos de los mismos señores a la finalización de las jornadas expuestos por  Rogelio Reyes Cano en su libro «Sevilla en la Generación del 27».

La coordinación con la definición de contenidos, objetivos, enfoque y programación de las Jornadas propuestas debe ser atribuida a la Sección de Literatura del Ateneo sevillano encabezada por su presidente y la inestimable ayuda del ateneísta y gran matador de toros que gracias a su amistad con algunos de los poetas intervinientes facilitó los necesarios contactos, los acompañó en su viaje y agasajó desinteresadamente durante su estancia en Sevilla fuera del programa oficial de los actos.

Por último, no puede pasar desapercibida la militancia y condición sevillista de los tres personajes referidos en cuanto a su apuesta por la cultura haciendo posible junto con los jóvenes poetas sevillanos del grupo «Mediodía» que este evento se convirtiera en el mejor referente de la Literatura española del siglo XX.





miércoles, 5 de marzo de 2025

BLASCO GARZÓN Y LA SEMANA SANTA



Por Juan Luis Franco - @CornelioSFC

Hoy no es mal día para hablar de cofradías, pero para datos biográficos de imagineros o criticar a bandas o andares de los pasos ya tienen ustedes otros foros y tertulias. 

A nosotros nos gusta enfrentarnos a argumentos intrincados para llegar a conclusiones sencillas. De camino, o de forma obligada, si el Sevilla Fútbol Club está por medio, mejor que mejor. 

Hoy traemos a estas líneas la Semana Santa, un republicano de izquierdas y un presidente del Sevilla. Tres historias distintas y un solo protagonista verdadero: salvar las procesiones, el precio de los palcos y una “interpretación apasionada” de la Semana Santa; historias que convergen en Manuel Blasco Garzón.  

Según la tradición y la historia, la izquierda republicana se dedicó a quemar iglesias y a saquear conventos. Esto es irrefutable, aunque sólo en parte. No todos los republicanos de izquierda eran así.  

Leandro Álvarez Rey, profesor de Historia Contemporánea de la Hispalense, en la revista Más Pasión. nos presenta una sentencia aplastante: 

Sin Miguel García y Bravo Ferrer y sin Blasco Garzón, la Semana Santa habría desaparecido. 

La constitución republicana (promulgada el 9 de diciembre de 1931) había resuelto consentir la libertad de culto, pero prohibir toda celebración religiosa en la calle, lo que significaba, de hecho, ilegalizar las procesiones. 

Fueron ellos quienes se plantaron corriendo en Madrid y lograron in-extremis modificar ese artículo. A cambio, ambos fueron condenados al ostracismo. 

Manuel Blasco Garzón, hermano de El Silencio, cuya túnica vestía todos los años, (El Socialista, consideraba inapropiada esa actitud), harto del boicot de las derechas a la Semana Santa, amenazó con sanciones a los responsables, los periódicos conservadores se le echaron encima a mordiscos. 

Álvarez Rey, rescata una cita del diario tradicionalista La Unión: 

El señor Blasco Garzón ha salido otros años con la Cofradía del Silencio, antes de ser ministro, aunque era miembro de un partido republicano, izquierdista, enchufista y laico. Puede el señor Blasco cambiar de postura; puede, si le da la gana, cambiar lo religioso por lo antirreligioso. Ya es visto que puede. Acto es de su libre albedrío; pero no complique a las derechas si dan cuenta de su resolución (...). 

Llegó 1936, para entonces Manuel Blasco Garzón estaba en el Gobierno y la izquierda presidía el Ayuntamiento de Sevilla. La situación de las cofradías y la Semana Santa era tensa, como tenso era el pulso izquierda-derecha. 

La segunda historia nos la cuenta ahora Juan Ortiz Villalba (Del golpe militar a la guerra civil. Sevilla 1936). 

Durante el primer bienio republicano, las derechas habían impedido los desfiles procesionales con el pretexto del ambiente anticlerical. La Semana Santa se recuperó en parte durante el bienio radical-cedista, pero fue en 1936 cuando todas las cofradías volvieron a salir a la calle. El alcalde Horacio Hermoso y los concejales republicanos pusieron un gran empeño en realzar la Semana Santa comprometiendo decididamente al Ayuntamiento en su organización y venciendo las reticencias de los concejales comunistas y socialistas. 

Las derechas sevillanas buscaron entonces otras formas de deslucir la Semana Santa y hacer de ésta arma arrojadiza contra la República. Las familias aristocráticas y de la burguesía, que tradicionalmente alquilaban los palcos de la plaza de San Francisco, situados frente al Ayuntamiento, para contemplar los desfiles procesionales, los dejaron vacíos. Así privaban a las cofradías de los ingresos correspondientes. Además, las señoritas derechistas se negaron a lucir mantilla y peineta el Jueves Santo, haciéndolo en cambio otras, de los medios republicanos. Ante el boicot a los palcos de la plaza de San Francisco, el alcalde dispuso que los ocupasen los niños del asilo, haciéndose cargo del coste el Ayuntamiento de Sevilla y el ministro de Justicia Manuel Blasco Garzón, de su propio bolsillo. 

El profesor J. M. Macarro (La Sevilla republicana), además de coincidir con lo descrito por Ortiz, nos cuenta como Blasco denunció la maniobra que había intentado convertir las procesiones en arma política, utilizada por  ciertas clases privilegiadas, que a su vez alardean en no pocas ocasiones, de una devoción religiosa, hacendada y firme. 

Ese mismo año hizo de cicerone de importantes personalidades nacionales a las que acompañó por Sevilla, su Feria y a una corrida de toros en el palco de la Real Maestranza. 

Unos años después, pagó sus ideales con el exilio, aunque no perdió la ilusión de volver a su tierra. Desde Buenos Aires, en 1941, nos transmitió sus Evocaciones Andaluzas, dedicado a todas las provincias de Andalucía, y a Sevilla en particular. El capítulo VII lo dedicó a la Semana Santa sevillana. A lo largo de siete páginas resume la historia y la liturgia de las cofradías con un realismo que en pocos sitios lo podemos encontrar hoy. Hemos entresacado tres párrafos de este Hermano de la Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Así nos contaba, el propio Blasco Garzón, su interpretación apasionada de su Semana Santa: 

 Y es que esta Semana Mayor, que llega a su realización, coincidiendo con la luna llena de la primavera; tiene en sus complejos severos y graciosos, en sus ritos solemnes y milagreros en sus devociones sentimentales y puras, en su aire de paganismo artístico y genial, en todo su conjunto, en una palabra, una modalidad tan propia, tan característica, tan original y al mismo tiempo tan preñada de contradicciones sutiles y de paradojas alucinantes, que sorprende primero, cautiva más tarde y encanta definitivamente a los que la observan y la contemplan, absortos ante un espectáculo de difícil superación en su genialidad constructiva. 

(...) 

Junto a la austeridad de !as imágenes, al lado de la gravedad de los encapuchados -no todos, porque en no pocas hermandades el hábito es deleite de la vista y primor de confección-; frente al doloroso pasaje de la vida cristiana, que se conmemora limpio de exégesis dogmáticas y perfilado en sus más claras líneas sentimentales, está invitando al placer y exaltando los encelados caminos de la carne, la atmósfera cuajada de penetrante olor de azahares, el aire tibio y deleitoso de esa incomparable primavera meridional, el agrio olor de la muchedumbre en movimiento, la presencia, en la calle, de las mujeres de la ciudad que enmarcadas en la mantilla airosa y ceñido el cuerpo vibratil por las sedas oscuras del traje largo, son como una alucinación indescifrable, que hace más firme y encendido el afán de vivir embriagadoramente... 

(...) 

No quiero terminar sin una afirmación. El sentido religioso de mi pueblo, “que pertenece a la corriente efectiva que dentro de la teología se caracteriza por el predominio de lo sentimental sobre lo intelectual, por tener siempre la imitación de Cristo y la Humanidad de Cristo, como vía para llegar a la Divinidad», está tan lejos de todo dominio de cierta clerecía, como la conducta de los seguidores del Nazareno, se encuentra distanciada de la prédica maravillosa del maestro. El alma del pueblo andaluz busca camino de superación, en hondas concepciones espirituales. Hoy, ante el dolor, lacerante, único, que derrama sangre inocente en un alarde de crueldad antihumana, en el corazón del pueblo brotará seguramente una nueva saeta con los dos filos acerados; el del dramático llamado a los poderes que rigen el Universo para que descarguen su fuerte justicia sobre los despreciadores de la vida y el de la maldición, dura, cortante, en que se juntan el anatema y el dolor por el cometido. 

Probablemente, la Semana Santa de Sevilla, siga siendo así. 


jueves, 27 de febrero de 2025

LA SUSTITUTA DE PAVAROTTI


Por José Arjona @ArjonadeMiguel

Por lo general, la incorporación de una suplencia para cubrir un puesto de responsabilidad, sea profesional, político, deportivo, e incluso afectivo, va exigida por la necesidad de realizarla y, por lo general, conlleva un tiempo de preparación y dudas sobre la aportación.

El fútbol de élite se ha convertido en un gran tablero estratégico en el que, tanto desde los banquillos como desde otras zonas de los estadios, e incluso lugares insospechados, especialistas en operaciones algorítmicas obtienen amplia información que descifran la eficacia o no del sistema de juego elegido; el cumplimiento de las tareas encomendadas a cada jugador; detectar las mermas del rival y, llegado el momento, utilizar a suplentes para obtener el fin deseado.

Contar con una extensa plantilla, compuesta por jugadores de gran calidad técnica; sobre dotada físicamente; y fuerte mentalidad competitiva, propician cualidades extras al alcance de muy pocos.

Desde hace cuatro temporadas, poder incorporar al juego hasta cinco jugadores, de igual o mejor calidad que los sustituidos, facilita logros a los más poderosos. Como casi todo en la vida, el dinero marca diferencias.

Ese cambio comenzó con el regreso de las competiciones durante la pandemia por COVID. Sin público en las gradas aún, la FIFA acordó el 8 de mayo de 2020, provisionalmente, la norma de poder realizar hasta cinco cambios por equipo y partido. 

Añadió, que los cambios se deberían realizar en tres paradas de juego o “ventanas” y, sin que en su aplicación contase el comienzo de la segunda parte.

La norma también permitió la ampliación de jugadores convocados a los partidos, pasando de 18 a 23. La que se adaptó como norma provisional ha terminado aplicándose definitivamente. Con la salvedad de en la fase final de competiciones entre selecciones nacionales, en las que los jugadores convocados podrían ser hasta 26.

El acuerdo de FIFA decía pretender proteger la salud de los jugadores. Muy discutible, claro está, pero no es menos cierto que ha permitido ampliar, aún más, las distancias existentes entre las plantillas de los clubes poderosos de los diversos campeonatos con el resto de rivales.

Recordando la evolución sobre suplencias y convocatorias desde los inicios de La Liga, hace casi un siglo, si algún equipo tenía la desgracia de que se le lesionara uno de sus jugadores no podía sustituirlo, debiendo jugar el resto del partido con uno menos o haciendo el lesionado de bulto por el terreno de juego.

Para la temporada 1929/30, se acordó permitir la sustitución del portero, ya que se habían convertido en el rival especializado a batir por el equipo oponente, sufriendo fuertes contusiones que por lo general le causaban lesiones que no le permitían continuar el partido, autorizándose así la convocatoria de doce jugadores. 

Podríamos imaginar las andanzas que debió padecer John Norris Mandy, primer portero en la historia del Sevilla F.C., dato aportado recientemente por el Área de Historia del SFC tras brillante investigación. Sí, aquel que jugó el histórico partido contra el Recreativo en el campo de la Dehesa de Tablada el 8 de marzo de 1890, que el SFC vencería 2-0, y cuyos restos descansan en el sevillano cementerio de San Jorge, popularmente conocido como cementerio de los ingleses.

Siguiendo con la evolución sobre normas de suplencia y convocatoria, el acuerdo adoptado en la 1929/30 se mantuvo hasta la 1933/34 en la que se adoptó no permitir de nuevo la presencia de un portero suplente. Su presencia no volvería a autorizarse hasta la temporada 1948/49.

La RFEF permitiría en la 1969/70 inscribir a quince jugadores por partido y realizar hasta dos sustituciones. Ya en 1987/88 se inscribirían hasta dieciséis manteniéndose las dos sustituciones.

Para la 1999/00 se acordó la inscripción de dieciocho convocados por partido manteniéndose la posibilidad de dos sustituciones.

En la 1994/95 se aprobaría la sustitución por equipo de dos jugadores más el portero y, en 1995/96, hasta tres sustituciones por equipo. Esta temporada marcó un hito, ya que además del número de sustituciones, incorporó el número de dorsal fijo por jugador y equipo, y los tres puntos por victoria.

Como vemos, el puesto de portero ha sido piedra angular en la evolución del fútbol. El escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano decía esto del portero:

"Está condenado a mirar el partido de lejos. Sin moverse de la meta aguarda a solas, entre los tres palos, su fusilamiento. Él no hace goles. Está allí para impedir que se hagan. El gol, fiesta del fútbol: el goleador hace alegrías y el guardameta, el aguafiestas, las deshace. El portero siempre tiene la culpa. Y si no la tiene, paga lo mismo. La multitud no perdona al arquero. Con una sola pifia, el guardameta arruina un partido o pierde un campeonato, y entonces el público olvida súbitamente todas sus hazañas y lo condena a la desgracia eterna"

Resulta llamativo observar cómo porteros de fútbol se convertirían en grandes figuras de otras actividades:

- Eduardo Chillida. Real Sociedad de San Sebastián, tuvo que abandonar el fútbol al sufrir una grave lesión de rodilla, convirtiéndose en un genial escultor y pintor que incluso dejó huella en Sevilla. En 1992, junto al Puente de Triana, el “Monumento a la Intolerancia”. Decía, que el fútbol era una cuestión de espacios, como su obra.

- Arthur Conan Doyle. Portsmouth F.C. Autor de “Sherlock Holmes”.

- Albert Camus. Racing de Argel. Autor de “La Peste” o “El Extranjero”

A ellos podría añadir a Miguel Delibes, Ryszard Kapuscinki, o Vladimir Nabokov. Algunos recordaréis a Julio Iglesias, e incluso a Ramón Sánchez-Pizjuán, pero yo me quedo hoy con Luciano Pavarotti.

El mundialmente conocido tenor fue portero del filial del Modena F.C. 1912. Soñaba con defender algún día profesionalmente al equipo de su ciudad, pero tuvo que abandonar su ilusión para aliviar las penurias de casa ejerciendo de agente de seguros y actividades varias, así como a iniciar -aconsejado por las virtudes que su padre le apreció-, los estudios de canto, hasta llegar a convertirse en inmortal tenor.

Al genial Luciano hubo que buscarle un día, apresuradamente, un suplente, y no fue para jugar al fútbol.

Nos situamos en el 25 de febrero de 1998. Se celebraba en Nueva York la 40.ª edición de los Premios Grammy. Como cada año, su objetivo era el reconocimiento a los éxitos discográficos del año anterior y galardonar a míticas figuras de la música. Sería televisado en directo por la CBS para EE.UU.

Entre los galardonados estaba Pavarotti. Recibiría los premios Grammy Leyenda, y Grammy Fundación, por sus aportaciones benéficas en favor de músicos necesitados. Él interpretaría el aria “Nessun dorma” de la ópera “Turandot”, en la que su compositor, Giacomo Puccini, describe como la bellísima y cruel princesa china Turandot, obligaba a sus pretendientes a adivinar tres acertijos si querían casarse con ella. No acertarlos les costaba la vida. Sólo un desconocido logró adivinar los acertijos obligándola, a cambio, a adivinar su nombre antes de que terminase la noche si quería casarse con él. Ella ordenó movilizar Pekín prohibiendo que nadie durmiese (Nessun dorma) hasta conocer su nombre. Describir el final no sería adecuado, no ya por hacer “spoiler”, sino porque Puccini falleció poco antes dejándola inacabada. Obviamente la ópera tuvo un final. Final realizado por Franco Alfano, que concitó más rechazo que atracción. A día de hoy, un siglo después, el final continúa siendo objeto de intenso debate.

Esta aria es reconocida por muchos expertos como la más épica de la historia de la ópera. Y, sin duda, el que mayor popularidad otorgó a Luciano durante su carrera, por su compleja ejecución y extraordinaria interpretación.

La 40ª edición de los Grammy ya estaba en marcha cuando el productor, Ken Ehrlich, recibió la llamada de Pavarotti informándole de que se encontraba enfermo por lo que no podía asistir al evento ni cantar “Nessun Dorma”, como estaba previsto, y la audiencia ansiaba.

Y ahora ... ¿qué hago yo?, pensó Ehrlich. Las 6.000 butacas del teatro Radio City Music Hall ocupadas, y millones de espectadores siguiendo el espectáculo por televisión.

“Comencé a enumerar a los intérpretes disponibles y que podrían ocupar su espacio. Pensé en pedirle a Stevie Wonder que hiciera algo especial. La tensión me subía porque no veía como sustituir a Luciano. Tras minutos de angustia un miembro del equipo me recordó que entre los invitados estaba Aretha Franklin para conmemorar un aniversario de "The Blues Brothers", y que hacía algún tiempo que participó en un concierto tributo a Pavarotti cantado "Nessun Dorma". No lo dudé un segundo. Animado por buena parte del equipo llegué al abarrotado camerino de Aretha e interrumpí su cena de pollo frito para pedirle su ayuda. 

Tras minutos de conversación intentando convencerla, la llevé hasta un lateral del escenario para que viera desde allí lo que estaba preparándose. Ella no lo conocía. La grada escénica del Radio City estaba activísima. Llena de músicos, y con más de 30 coristas al fondo del escenario, para el gran final vocal del aria. Recuerdo que me cogió de la mano, la sostuvo unos segundos mirándome a los ojos, y me dijo: esto va a ser divertido”. 

Presentada por “Sting”, Aretha entró pocos minutos después al escenario. Se le notaba algo nerviosa en los primeros compases, no había ensayado ni conocía a la orquesta, pero después ... se convertiría en una de sus mejores actuaciones, formando parte de la historia de la música, y sumándose a su ya legendaria y amplia trayectoria.

Una suplencia sorprendente, por el dispar estilo de géneros musicales entre Luciano y Aretha, que emocionaría tanto a amantes del soul como de la ópera.

Disfruten, por favor, con la interpretación de la sustituta de Pavarotti. Con todos ustedes, la reina del soul: Aretha Franklin.





También puedes verlo en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=k33sINjn9o0


martes, 11 de febrero de 2025

EL SEVILLA FC Y LA GENERACIÓN DEL 27

 Por Carlos Romero - @CarlosRomeroSFC

De izquierda a derecha: Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Chabás, Mauricio Bacarisse, José María Romero Martínez, Manuel Blasco Garzón, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego.

Qué verdad es aquella de que más vale una imagen que mil palabras. 

Esta condición se cumple a rajatabla en la foto que se realizó en la Sociedad Económica de Amigos del País en 1927, donde se celebró el “Homenaje a Góngora”, organizado por el Excelentísimo Ateneo de Sevilla, en la que aparecen, no sólo los poetas que dieron nombre a ese elenco de artistas irrepetible en la historia, sino a los que dieron pie para que la ‘Generación del 27’, cuya cabeza más visible fue Federico García Lorca, supusiera un antes y un después en la literatura universal.

Efectivamente, en la foto podemos observar cómo dos personajes copan la parte central de la imagen, Manuel Blasco Garzón y José María Romero, el primero presidente del Sevilla FC en los años 20 y presidente del Ateneo justo en ese momento y el segundo, otro sevillista de carné y secretario ateneísta, que se empeñó en traer a aquellos poetas, que, dicho sea de paso, no les daban bola en Madrid, tuvo que ser Sevilla la ciudad que, como en muchas otras cosas, dio identidad a la España que hoy conocemos.

Blasco Garzón, además de presidente del Sevilla FC y del Ateneo, fue ministro durante la II República española dos veces, exiliado cuando estalló la Guerra Civil en 1936 y nunca pudo volver a la ciudad que amaba, hermano del Silencio que pagó su cuota hasta su muerte en Argentina. Fue un gran promotor de la cultura en la ciudad que le vio nacer y el máximo responsable de que la Generación del 27 viese la luz como tal. José María Romero fue represaliado en el estallido de la Guerra Civil y asesinado por las hordas salvajes de bando nacional.

El artículo uno de los estatutos sociales del Sevilla FC dice:

…El Sevilla Fútbol Club se fundó el 25 de enero de 1890 como Asociación Privada de carácter CULTURAL y deportivo. El proceso registral de la misma se completó, según la normativa vigente, el 14 de octubre de 1905, previa aprobación de estatutos y reglamento el 23 de septiembre anterior…

Es necesario resaltar lo de "carácter cultural", el deportivo es obvio, pero la aportación del Sevilla FC a la cultura es recurrente e histórica, mucha gente se sorprendería de las aportaciones sevillistas a la ciudad, no en vano, el compromiso regeneracionista -en los albores del siglo XX- de los componentes sevillistas se antojaba irrenunciable cuando entendían el deporte como una forma de potenciar la salud y la cultura en aquellos jóvenes sevillanos de los barrios populares que vivían en una Sevilla deprimida, como el resto de España, tras perder las últimas colonias.

El propio Blasco Garzón se propuso llevar la cultura a todos los rincones de Sevilla con las escuelas populares, muestra de ello fue la salida a las casas de vecinos para hacer partícipes de la cultura a aquellos que ni soñaban, tal vez, con poder acercarse a ella. Aquello que, desde su cargo en el Ateneo, en 1925, llamó el “Ateneo popular”, para llevar la cultura a los barrios y contribuir a la educación de los ciudadanos, ayudando a la lucha contra el analfabetismo, un proyecto sin igual en la época.

Se cumplía el santo y seña y la causa de la existencia de un club de fútbol único cuyo lema era “…todos tendrán aquí cabida” de José Luis Gallegos, que luego fue refrendado por Miró Trepat en 1913:

“… en el seno de nuestra sociedad de sport caben por igual el pobre y el rico, hasta nuestra afición es reflejo de nuestra Sociedad de sport, pues en nuestro campo se codean personas de todas las clases sociales, y se os debe enaltecer, porque tenéis como norma la disciplina, por ideal la victoria, la fortaleza es nuestra aspiración y la admiración de los demás nuestro premio”.

Por cierto, el Homenaje a Góngora no se celebró en el Ateneo por estar preparándose la cabalgata de Reyes Magos, evento que se repite anualmente y que fue puesta en marcha y diseñada por José María Izquierdo, otro personaje de afinidad blanquirroja, una aportación más a la Sevilla cultural por parte del Sevilla FC y los sevillistas. El acto se celebró en la Sociedad Económica de Amigos del País.

Pocos clubes tienen tan marcada -históricamente- una función social y tal nivel de compromiso y preocupación con la cultura, la definición como “sociedad cultural” y primera declaración de intenciones no es baladí, algo difícil de comprender en la concepción de “fútbol moderno” que vivimos hoy en día.

Apúntense esto los que deben inscribir la institución sevillista como ‘Bien de Interés Cultural’, (BIC). Motivos no faltan para ello.

Me atrevería a decir que pocas instituciones hicieron tantas cosas por esta ciudad, el hecho de que, contemporáneamente, el Sevilla FC jugase -y ganase- finales internacionales con shares que rondaron entre los 200 y 500 millones de espectadores alrededor del globo, colocaron aún más a la ciudad en el mapa mundial, algo que, como sevillanos, se debe valorar. El Sevilla FC es un embajador excepcional de la capital andaluza, con una historia antigua, rica, épica y que goza de un enorme prestigio internacional llevando orgullosamente su nombre y su escudo.

No nos olvidaremos de un tercer sevillista que estuvo presente, sin ser protagonista en el acto, sino en los fastos tras el evento, como fue Ignacio Sánchez Mejías que, si bien fue presidente del Real Betis Balompié a posteriori, en el momento de los hechos era sevillista de carné. Sánchez Mejías invitó a los poetas a su cortijo de Pino Montano para celebrar el encuentro, celebración que duró varios días.

Mucho se ha hablado de que el torero fue el que trajo a los poetas pagándoles el viaje, si bien ha quedado demostrado que fue el Excelentísimo Ateneo de Sevilla quien corrió con todos los gastos, según consta en el libro de cuentas ateneísta de la época.

Es, por tanto, una obligación que el Sevilla FC esté presente en los actos del centenario de la Generación del 27, no sólo como simple espectador, sino de forma activa, organizando actos y eventos que recuerden y reafirmen nuestra convicción y nuestro compromiso cultural con la ciudad, pues va en su ADN.


viernes, 7 de febrero de 2025

UNA CUESTIÓN DE JUSTICIA


Por José Melero @JMelero1

Me decía el investigador y miembro del Área de Historia del Sevilla, Antonio Ramírez, que posiblemente esté entre los tres mejores presidentes de la historia del Sevilla FC, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo. Su mandato se prolongó por espacio de cinco años (1914-1919), aunque estuvo ligado al Club desde edad temprana hasta su fallecimiento, siendo muy joven. Fallecido de forma repentina en la flor de su juventud, la figura de Francisco Javier Alba y Alarcón, Paco Alba (así, con esa familiaridad se le nombró en los medios deportivos) se fue borrando poco a poco de la memoria del sevillismo. Con los años se convirtió nada más que en un olvidado, un hombre sin raíces, desposeído de su propia historia. Su trayectoria como jugador y capitán de la primera plantilla, su incorporación a la junta directiva, su llegada a la presidencia del Club, su empeño en la creación de la Federación Andaluza de futbol, secretario técnico, periodista deportivo, entrenador, árbitro… Pocas personas han sido tantas cosas en un club de fútbol como Paco Alba. Un camino de la mano entre el hombre y la entidad, cortado de repente de forma irremediable pese a que ambos procuraron que esa unión fuera indisociable.

Con este relato que empiezo espero honrar su memoria y lo hago con la fascinación que me produce alguien que fue alma mater del club y piedra angular del primer gran Sevilla que se creó en sus más de 135 años de historia, un Sevilla del cual Alba se preocupó en poner sólidos cimientos.

Francisco Javier Alba Alarcón nació en Sevilla en 1890. Se dedicó al sector comercial, a instancias de su padre, Tiburcio Alba Larios. Don Tiburcio había nacido en Benacazón en 1849, habiéndose casado con María Josefa Mercedes Alarcón. Tuvieron cinco hijos: Tiburcio, Cesar, María Mercedes y Rosario Alba, junto con Francisco Javier. Su padre murió en 1905, con solo cincuenta y siete años de edad y su madre en 1981, con ochenta y dos años. Los tres hermanos varones estuvieron ligados a aquel Sevilla que decidió organizarse en regla y registrarse en el Gobierno Civil en 1905. De ellos, Paco fue el mejor dotado, el más joven y el más hábil en el manejo de la pelota y el único de los tres hermanos que tuvo el honor de lucir los colores del club.

Paco había cursado sus estudios en Manchester, en la Escuela de Comercio, un centro donde, al igual que el resto de las Public Schools inglesas, se produjo un culto y una difusión importante del sport como parte de su contenido curricular. A su llegada a Sevilla esos deportes que había conocido en tierras británicas dieron el salto a las praderas y descampados sevillanos. Pronto se enrola en el Sevilla Football Club, el club de la ciudad. Paco era un joven fuerte, de gran constitución física y sumamente ágil pese a su corpulencia. Interior derecha y gran pasador, era algo corto de vista, usaba lentes que no se quitaba para entrenar ni para jugar los partidos, dándose incidencias pintorescas. ¡Cuántas veces en el transcurso de un encuentro se veía a Paco buscar afanosamente las lentes pérdidas, incluso ayudado por sus compañeros de equipo, ya que sin ellas eran uno menos! ¡Y cuantas se le quebraron pisoteadas en el fragor de la batalla o se las rompió algún adversario con mala fe! Pronto sus grandes dotes futbolísticas hicieron que los dirigentes del Club, en concreto el presidente Carlos García Martínez, lo nombrara capitán del primer equipo en junio de 1908.

Pero su extraordinario dinamismo no le privaba de sumarse a empresas organizativas dentro del Club. Sus aportaciones eran muy tomadas en cuenta por los socios, a él se debe la iniciativa de crear aquellos equipos ´´infantiles´´ que tantos jugadores proporcionaron al equipo titular y por lo que se le puede considerar como el padre de la cantera sevillista. Pronto, muy pronto, supo liderar una entidad en la que tuvo que lidiar de imprevistos como la primera crisis institucional. Fue en 1913, un año antes de llegar a la presidencia, cuando bajo el mandato de José Luis Gallegos y siendo vocal en la directiva del presidente jerezano, se produjo el primer gran cisma dentro de la sociedad. El joven sevillano proponía una entidad cuyo fin principal era la práctica del fútbol, frente a la postura de Gallegos que proponía que el Club fuera una entidad polideportiva, en la que se practicara todos los deportes bajo la unión de todos los clubes sevillanos. Esta última propuesta hubiese supuesto la desaparición del Sevilla Football Club y Paco supo frenar ese fatídico desenlace.

Con su intervención, a instancias del presidente José María Miró Trepat, se obtuvo el permiso municipal para la instalación del campo del Mercantil en el Prado de San Sebastián, cercado primero con alambres y cerrado más tarde con tablones de madera, las famosas ´´tablas rojas´´. También intervino para que el Círculo Mercantil cediese su caseta de feria y pudiera ser utilizada como vestuario por los jugadores, al mismo tiempo en el que se instalaba la primera tribuna. No hay que olvidar que el Círculo Mercantil era una entidad con grandes vínculos sevillistas, una institución a la que su hermano César pertenecía y en la que unos años después llegó a ocupar su presidencia. Paco participó en el partido que inauguró el campo, celebrado el 1 de enero de 1913, formando parte de uno de los dos equipos sevillistas que se enfrentaron en tan señalada fecha.

Y un año después llegó la presidencia, cargo al que Alba declinaba ocupar una y otra vez, debido a su inalterable afán a pasar desapercibido en la institución y a ceder tal honor a quien tuviera una veteranía en el club superior a la de el ex interior derecha sevillista. A pesar de sus reticencias a ocupar el sillón presidencial y a ser cabeza visible de la sociedad, su elección era algo que estaba cantado, sobre todo porque Paco era alguien al que se le consultaba todo, era el propulsor del Sevilla Football Club,su alma, su todo. Tal era así que muchas de las reuniones en las que se trataba los asuntos de la sociedad se producían en su domicilio particular, en la calle Cánovas del Castillo (hoy Av. de la Constitución) o en su negocio de motocicletas y bicicletas situado en la calle Francos. Ambos lugares eran como una segunda secretaria.

Pronto el polifacético presidente entendió que para que la entidad creciese socialmente era necesario que se la publicitase en los medios. Informar, difundir, promocionar e incluso educar a los socios y aficionados sobre los entresijos del nuevo sport, era algo que Alba se propuso desde un principio, por lo que se apresuró a escribir pequeñas reseñas que eran enviadas por el vocal de la Junta Directiva, Fidel Echevarría, al diario ´´El Liberal´´. Todo, eso sí, gracias a la influencia y simpatías que el bueno de Paco despertaba en ciertos sectores de la sociedad sevillana. La primera crónica publicada en el periódico sevillano con el seudónimo de ´´Inside Right´´ (interior derecha), fue publicada el 28 de diciembre de 1914 y en ella se ocupaba de un partido celebrado en el campo del Real Betis Balompié, entre el equipo propietario del campo y el Real Club Recreativo de Huelva.

El inquieto Paco Alba era además ambicioso y pensaba en grande, por eso soñaba con una federación regional donde tuvieran cabida todos los clubes andaluces, a semejanza de las ya creadas en Madrid, Cataluña y País Vasco. Una federación con la que crear un campeonato andaluz, que diera al mismo tiempo oportunidad al ganador de participar en el Campeonato de España y engrandecer aún más la figura y llevar a la cúspide deportiva al que era la gran causa de su vida: el Sevilla FC. Paco era un hombre con unas innegables dotes organizativas y con un gran carisma personal, que le valió para poner de acuerdo a dirigentes importantes dentro del fútbol andaluz, como Herbert Richard Jones, presidente del Real Betis Balompié y Jorge Graells Miró, directivo sevillista y posteriormente presidente del Club, que junto con Paco fueron los mayores entusiastas que dieron pie a la constitución del nuevo ente federativo. Tanto el presidente bético, como Graells Miró, ocuparon puestos de relevancia en la Junta Directiva que en 1915 formara la recién creada Federación Regional Sur. La presidencia corrió a cargo de Paco Alba.

Pero al haberse concedido cargos federativos por sorteo y no por méritos en la dirección de sus respectivos clubes, dio esto pie a que muchos dirigentes de los distintos equipos adheridos, no estuvieran a la altura que les exigía el cargo y convirtieran cada reunión en un campo de Agramante, lo que contribuía a distanciar más a los clubes, pese a los intentos de Alba, Jones y Graells por reconducir la situación. Poco después, con los tres personajes anteriormente citados dentro del órgano de gobierno de la Federación, se formó una nueva Junta Directiva presidida por José Montes Sierra y otros reputados personajes vinculados a nuestro fútbol. Poco a poco la gran obra de Paco Alba fue asentando sus cimientos…

Nuestro protagonista era un hombre fundamentalmente franco, sencillo, que poseía un gran tesón, decisión y una entereza envidiable. A ello hay que sumarle una indiscutible independencia e imparcialidad a la hora de mirar por los intereses del fútbol sevillano y andaluz, al que se dedicaba con una devoción sin límites. Estos rasgos en su personalidad y un conocimiento exhaustivo de las reglas del football, le valieron para debutar como árbitro en un partido del Campeonato de Sevilla, organizado por la Federación Regional Sur, entre el Español Football Club y la Unión Andalucía Recreativo, celebrado el 7 de marzo de 1915. Con la posterior creación del Colegio de Árbitros andaluz, Alba se dedicó plenamente al Sevilla FC y a los distintos cargos que tuvo en la Federación andaluza, dejando a un lado la labor arbitral.

Paco Alba era hijo de su tiempo, un regeneracionista que se empeñaba en que la sociedad sevillana y andaluza tomara conciencia de que el deporte era la mejor vía para luchar contra un atraso tan real como evidente en aquella España de la Restauración, en la que Paco, desde su posición de prócer deportivo, colaboraba sin desmayo en regenerar al español medio, con el que sentía la necesidad de guiar por el camino del ejercicio físico y de convencerle para que abrazara esos sports que tanto furor despertaban en Europa. El presidente sevillista practicaba toda clase de deportes, en marzo de 1919 crea junto al militar Álvarez de Rementería, una sección atlética en el Casino Militar, en la que se ejercitaba toda clase de prácticas deportivas. Además, Alba fue presidente de la Unión Velocipeda Andaluza en Sevilla, desde donde fomentaba el ciclismo en nuestra ciudad. Unos años antes, el 14 de noviembre de 1913, Paco acordó constituir junto a un grupo de sportmen sevillanos el Club Náutico de Sevilla, que desde un tiempo atrás ya se venía gestando.

Tomó parte muy activa en conseguir que grandes clubes españoles y extranjeros visitase nuestra ciudad y que junto con el Campeonato de Andalucía hicieron posible que los aficionados sevillistas disfrutasen de grandes partidos a celebrar tanto en el campo de El Mercantil, como posteriormente en el de la Avenida de la Reina Victoria. Por allí desfilaron el Racing de Madrid, el Tenerife Sporting Club, el Britannia de Gibraltar, el Madrid FC, Alfonso XIII de Mallorca, con el que venía el catalán y futura estrella sevillista Kinké, el Real Club Fortuna de Vigo de los internacionales Herminio y Balbino, posteriormente también enrolados en nuestro Club, el RCD Español de Barcelona del mítico Zamora y otros grandes clubes nacionales e internacionales.

Pero si de algo estaba dotado Paco Alba era sin duda para valorar las cualidades de cualquier jugador, su visión y su don para cazar talentos sirvió para que se fichara a los jugadores más emblemáticos que tuvo el Club. A los ya mencionados Kinké, Herminio y Balbino, hay que sumarles los Spencer, Artola, Ocaña, León, Escobar, Brand, Rey… y muchos otros. Así, temporada tras temporada, fue renovando y reforzando el equipo para sostenerlo en el primer plano del fútbol español de la época. Porque Paco fue el verdadero arquitecto de ese Sevilla que deslumbró con un tipo de juego diferente al de todos. No solo eso, Paco Alba marcó con su sapiencia futbolística los inicios deportivos del Sevilla Football Club de comienzos del siglo XX. Paco hizo historia, una sentencia que actualmente se suele banalizar, pero que en este caso es válida en el sentido más puro del concepto historia.

Y no solo los fichaba, también los entrenaba. En enero de 1921 Paco Alba era nombrado por la Junta Directiva del Sevilla F.C., integrante de la Comisión Deportiva encargada de entrenar al primer equipo, junto al capitán Kinké y los directivos Juan Saravit,Rafael Rodríguez y Diego Otero Sánchez. En una época donde no estaba instaurada oficialmente la figura del entrenador, Alba cogió las riendas de la dirección deportiva.

El domingo 13 de marzo de 1921, asistió a un banquete organizado por el Club en honor de la primera plantilla campeona del recién conquistado Campeonato de Andalucía. El acto tuvo lugar en los altos del Pasaje del Duque, donde asistieron además de los jugadores del primer equipo, presidente, directivos, prensa y el directivo bético Amador Herrera, en nombre del Real Betis Balompié.

Fue su última aparición pública, ya que el sábado 9 de abril cayó en cama aquejado de un ligerísimo catarro, que se agravó días después y le llevaría irremediablemente a su fallecimiento a causa de una bronconeumonía el jueves 14 de abril.

Ese hombre sano, robusto, deportista, con solo 31 años dejaba el mundo de los vivos dejando tras de si un legado que a día de hoy se hace necesario rescatar. El en ese momento entrenador sevillista dejaba huérfana una plantilla cuya trayectoria a nivel nacional empezaba a vislumbrarse. Su muerte provocó una cascada de notas en los periódicos de sus numerosos amigos, entre ellos los de la nutrida colonia inglesa residente en Sevilla. El sábado 16 se dieron cita en el cementerio sevillano de San Fernando a las once de la mañana toda la plana deportiva de Sevilla y Andalucía, una última despedida que a pesar del contrario deseo de su familia fue muy concurrida, dado el cariño y el reconocimiento que Paco Alba despertaba en nuestro fútbol.  

Al día siguiente se jugó en el campo del Real Betis Balompié un choque entre el equipo verdiblanco y el Príncipe de Asturias Mercantil e Industrial. Al saltar al campo los jugadores de ambos equipos portaron brazaletes negros en señal de duelo por el gran sportman y entrenador sevillista, algo que nos da una idea del respeto que se había ganado Paco Alba entre todo el mundo del fútbol, incluido en el más encarnizado rival.

El 1 de mayo de 1921 el Sevilla Football Club jugo en Madrid la ida de las semifinales del Campeonato de España frente al Athletic Club de Bilbao, al que goleó por cuatro goles a dos, aunque fue eliminado por alineación indebida. Con Eugenio Eizaguirre Pozzi como nuevo entrenador blanquirrojo, el Sevilla presentó las credenciales en Madrid como un equipo puntero dentro del fútbol español. Era la culminación de la gran obra de Paco Alba. Los jugadores sevillistas saltaron al Martínez Campos, campo del Racing de Madrid, portando brazaletes negros en señal de duelo por el malogrado Paco.

En la temporada 1924-25, el XI Campeonato de ciclismo de Andalucía, creó dentro de la carrera el ´´Trofeo Paco Alba´´, consistente en una copa de plata, que se adjudicaría el corredor que la ganase dos de las tres veces que se corriese. Era un reconocimiento por lo que Alba hizo por el ciclismo en Andalucía.

El periodo transcurrido en el que Francisco Javier Alba Alarcón ocupó distintos cargos en el Sevilla Football Club, hasta su fallecimiento en 1921,supuso un puente entre aquel deporte totalmente amateur y el posteriormente fútbol mercantilizado que poco después llegaría a convertirse en un espectáculo de masas. Si algo tuvo siempre el gran Paco Alba fue instinto, perspicacia, capacidad de adelantarse a la jugada y un extraordinario conocimiento del juego, que le llevó a ser un líder en todos los puestos que ocupó dentro de la entidad. Esa inteligencia fue un Potosí para él y para el Sevilla FC. Es por ello que se le puede catalogar como el constructor de la primera gran época de la historia del Club, del Sevilla moderno, el cual dejaba atrás un fútbol de ámbito local frente a una entidad que ya competía en campeonatos regionales y nacionales, un fútbol que emergía con la velocidad vertiginosa con la que lo hacía la sociedad misma y que Alba pudo evitar con su destreza que cogiera al Club a contrapié.

El 8 de junio de 1928 se acordó en junta directiva la construcción de un mausoleo en el recién construido campo de Nervión en memoria de Paco Alba, además de los también futbolistas Spencer y Tornero, hecho que poco a poco quedó en el olvido, hasta que ochenta y cuatro años después, y gracias a la recuperación por parte del Área de Historia del acta de la Junta celebrada en esa fecha, el Consejo de Administración del Sevilla FC, con su presidente José María Del Nido Benavente a la cabeza (al César lo que es del César…), un ocho de junio de 2012 saldó una deuda histórica, no solo con Paco Alba, sino también con los jugadores anteriormente citados.

Se hacía justicia con un hombre que demostró lo fugitiva que es la vida, pero no así el legado que podemos dejar. El suyo, el Sevilla FC, fue un legado imponente, que perdurará por y para siempre gracias a la irrepetible figura de este comerciante sevillano con alma de interior derecha.

miércoles, 29 de enero de 2025

LOS PELIGROS DEL FUTBOL III

Por Amaro García Cuevas - @amaro_gc22SFC 

En este recorrido anecdótico de los primeros años del fútbol en el siglo pasado hemos conocido desde incidentes graves como lesiones y muertes a la expansión del balompié entre las clases humildes de la sociedad a través de los más pequeños, que adoptaron y adaptaron el juego según sus recursos. 

Dentro de lo que consideramos aspectos peligrosos los hay que son directos entre los protagonistas del juego, como balonazos y patadas, e indirectos, cuando las consecuencias afectan a terceros. De unos y de otros vamos a mostrar ejemplos.

Hubo un caso de exceso desmedido en la práctica del fútbol en la figura joven cordobés Manuel Porteño Cañero, de dieciocho años. Organizó un partido entre amigos y lo empezaron a las nueve de la mañana. Según narra la noticia, 

después de estar jugando nueve horas consecutivas, Manuel cayó al suelo desvanecido. Al reponerse comenzó a dar voces y hacer ademanes extraños, que sobrecogieron a sus compañeros.

Una vez conducido a la casa de socorro

el médico de guardia diagnosticó un ataque de enajenación mental a consecuencia de la sofocación y la excitación de nervios experimentada durante el partido. Ya en su domicilio, el médico de cabecera le apreció una bronconeumonía. Su estado es grave.

(El Liberal, Sevilla 24/02/1924)

Los periodistas, siempre al tanto de noticias de toda índole, aprovechaban ese conocimiento para advertir y aconsejar. En esta ocasión se sugería a los árbitros a que en lugar de mantener el silbato en la boca todo el tiempo lo mantuviesen en el bolsillo hasta que su uso fuese necesario.

Resulta peligroso para un referée el moverse de un lado a otro con el silbo siempre en la boca.

Las decisiones rápidas son inmejorables, pero el tiempo que se pierde en llevarse el silbo a la boca es, después de todo, infinitesimal, y resulta más prudente el pecar por esto que exponerse uno a lo que pueda ser un serio contratiempo y probable desfiguración para toda la vida.

(Deportes de Cádiz. 30/01/1917)

Esta recomendación se basaba en un accidente que mencionaba que en un partido de rugbi en Escocia, el árbitro recibió el balón en plena cara y a causa del impacto le saltó el silbato al ojo, teniendo que retirarse para que recibiera asistencia médica. 

Con el tiempo, ni en el bolsillo ni en la boca, sino cómodamente colgado al cuello con un cordón.

Otros árbitros han sufrido la incomprensión por parte de las autoridades al considerar que cualquier suceso violento que se produzca en el terreno de juego es responsabilidad de ellos.

Se jugaba un partido de la Copa de Andalucía de Segunda categoría entre el Athletic F.C. de Sevilla y el Club Deportivo Sevillano en terrenos del Patronato Obrero.

Partido accidentado – El árbitro detenido

Una pareja de seguridad estaba encargada de garantizar el orden. Unos tres mil espectadores, en su mayoría llenos de ‘’filias’’ y ‘’fobias’’, presenciaban el encuentro. A medida que el partido se verificaba, la tirantez de relaciones se manifestaba más. En uno de los fallos* del árbitro, los partidarios de un bando que ven las de perder, tocan el resorte de lanzarse al campo para que dificultando el juego (¡ vaya una pareja a contener a unos cientos!) el juez tenga que pitar la suspensión del partido.

* (entiéndase fallo como decisión)

Y en, efecto, así hubo de suceder. Una vez el árbitro llega a la caseta dónde se cambiaban de ropa se presenta un guardia que le dice:

-¡Queda usted detenido!

-¿Yo? Mire usted que soy el árbitro

-No entiendo de eso. Aquí ha habido una alteración de orden y me acompaña a la Jefatura para decir las causas.

Y para allá que va detenido el pobre hombre.

Y el árbitro –gracias a la bondad de un amigo cariñoso que la suerte le deparó, don Juan de Iturri- pudo ir en el coche que le ofreció, evitando así que pasara mayor bochorno.

(El Correo de Andalucía 20/11/1923)

Don Juan de Iturri Astorquiza, comisionista, era el padre del jugador sevillista Juan José Calixto Iturri Landajo, que había trocado su actividad futbolística a la de árbitro de la Federación Regional Sur en ese año.

Los balonazos a las partes delicadas de la anatomía eran más que frecuentes, pero lo que no era habitual era jugar con lentes, como solía hacer el jugador germano que pertenecía al Español F.C. de Cádiz. En un partido contra el Sevilla F.C. este jugador tuvo la desgracia de recibir un impacto en la cara con leves consecuencias.

Apenas empezó el segundo tiempo, un certero balonazo fue a dar en un ojo al alemán Max Wener, hiriéndose en un párpado con un cristal de sus gafas.

(Deportes de Cádiz, 28/03/1915)

También un fuerte disparo no controlado podía impactar en la grada causando un percance. En un partido jugado en el campo del Mercantil, propiedad del Sevilla F.C., uno de los jugadores lanzó un fuerte disparo que 

Chocó con la batea de un vendedor ambulante de dulces, cayéndose las mercancías, de las que se aprovecharon presurosamente los chicos que allí había.

Atónito por lo sucedido y por la rapiña descontrolada

El vendedor reclamó el importe de su mercancía y entre los footballistas y el público se hizo una cuestación que cubrió sobradamente el valor de aquella.

(El Noticiero Sevillano, 08/12/1913)

Cuando aún los campos no estaban vallados y estaban delimitados por cuerdas o vallas de poca altura, los jugadores se prestaban a acudir al campo vestidos con la ropa de futbolista, pero no siempre era habitual, por lo que una vez en el campo, en una zona concreta habilitada para ello, los jugadores depositaban sus ropas hasta el final del partido, la cual estaba a mano de ladronzuelos. 

Desde las páginas de una revista deportiva se ironizaba sobre este hecho y  se exigía más atención a pesar de contar con vigilancia.

‘’…pongan una pareja o más, pero de la Guardia Civil, cuando haya partido, pues se viene notando por los jugadores que dejan sus ropas en el sitio de costumbre y que al recogerlas, sus bolsillos se los encuentran completamente vacíos…..Señores ladrones…no hay derecho.’’

(Deportes de Cádiz, 10/04/1917)

El tema de los ladrones asociados al fútbol ha tenido bastantes referencias, las más comunes los carteristas y descuideros en las aglomeraciones que se generan ante cualquier actividad que represente afluencia de público. Otros se dedicaban a cuestiones más elaboradas.

En 1924, en Sanlúcar de Barrameda, un individuo llamado Antonio García Aranda, apodado ‘’el Sevillano’’, tenía virtudes futbolísticas fuera de toda cuestión.

Es un gran futbolista, figurando como maestro y como refuerzo del equipo local Sanlúcar F.C., cuya Sociedad deportiva le tenía asignado desde el mes de septiembre la gratificación diaria de dos pesetas.

Probablemente, una vida desordenada le generaba la necesidad de acrecentar sus emolumentos y qué mejor que dedicar su tiempo libre a otros menesteres menos honestos.

Este individuo, sobre cuya conducta tenía sospechas la Policía, ha resultado ser el autor del robo con fractura efectuado hace un mes en un taller de relojería de la calle Cervantes, de donde desaparecieron diversos relojes y otros efectos.

Sus labores delictivas le situaban en varios escenarios.

También es autor ‘’el Sevillano’’ de un robo llevado a cabo a principios de septiembre, en una caseta de baños de las instaladas en la playa, de la que se ‘’evaporaron’’ como por arte de magia, varias prendas de vestir, ropas de baños y otros efectos.

(El Liberal, Sevilla 15/11/1924)

En otro grado de delincuencia se encontraban los que aprovechaban el desarrollo futbolístico con estafas más elaboradas. 

La preponderancia de los incipientes equipos de fútbol se basaba en las victorias sobre rivales de enjundia y en la consecución de trofeos, ya fuesen oficiales u ofrecidos por personalidades o asociaciones benéficas.

No era raro que dichos trofeos fuesen recurrentes en el devenir de una temporada, por lo que un avispado elemento quiso beneficiarse de ello.

Nos participa la sociedad «Sevilla F.C.» que un individuo ajeno a la misma ha sorprendido la buena fe de algunas personas solicitando cantidades para comprar una copa con destino a premio para un «match» que, según él, se está organizando para la sociedad indicada.

Como esto es falso en absoluto, se advierte al público para que no sea víctima de las habilidades de este vivo.

(El Correo de Andalucía 09/03/1916)

Originalmente, la violencia en los terrenos de juego venía dada por la animosidad y rivalidad, en algunos casos con carácter personal, que se proferían los jugadores contendientes. 

Con el tiempo, cuando entre el público empezaron a surgir acérrimos defensores de sus colores, esa violencia se hizo manifiesta en las gradas. Pero incluso antes de eso, los intolerantes se divertían provocando altercados sin importarles a quién iban dirigidos.

Cuando el Sevilla F.C. celebraba sus partidos y entrenamientos en el campo del Prado de San Sebastián estaba sujeto a la agresividad y conducta incívica de una serie de jovenzuelos a los que se les denominaba ‘’zulús’’ o ‘’zulúes’’.

Los pequeños hijos de Zululandia no solo hacen objeto de sus burlas a los jugadores, sino que llegan hasta a tirarles piedras, dándose el caso de que muchas veces los proyectiles hacen blanco en las personas que tranquilamente pasean por dicho lugar o se acercan para jugar.

(El Liberal, Sevilla 14/03/1909)

El Sevilla F.C., de mano de sus dirigentes, ya advertía de lo que sucedía en los partidos que concertaba, enviando las oportunas peticiones a lo máximos responsables de la seguridad ciudadana.

Un ruego – Señor gobernador, varios socios nos suplican le roguemos envíe una pareja de agentes del Cuerpo de seguridad al campo de juego para que se encargue de mantener el orden e impida que la partida de zulús que se estaciona en aquel lugar moleste a los jugadores y a la concurrencia.

(El Liberal, Sevilla 03/04/1909)

Ocho años después, aún se mantenía esta desgraciada costumbre de los gamberros pandilleros.

Se nos quejan de la conducta de un grupo de mozalbetes ineducados, los que todas las tardes y con peligro de las personas que concurren a presenciar los juegos, arrojan piedras a las vallas y al interior del campo del Sevilla F.C.

(El Noticiero Sevillano 31/05/1917)

Francisco Alba y Alarcón, presidente del Sevilla F.C., gran sportman y mejor dirigente, era consciente de que la agresividad en los campos de juego era una circunstancia a la que había que poner freno.

¿No habría manera de corregir lo que en los campos de «sport» ocurre cuando se juega un «match» interesante?

La Federación Regional hacía uso de las herramientas disciplinarias para castigar a los jugadores que pertenecientes a la federación eran violentos o irrespetuosos. Y decía Paco Alba.

Pero ¿y con el público que insulta a los jugadores constantemente?

El desfogue del público contra los jugadores en particular, propios y ajenos, y contra su equipo o el rival en general, ha sido una constante a la que difícilmente se puede poner remedio. Aunque se intenta.

Paco Alba hizo una propuesta.

Aconsejen a los «equipiers» se pongan de acuerdo antes de empezar el «match» para que cuando alguno de ellos vea a algún individuo del público que le insulta pida auxilio a un policía, para que lo lleven detenido.

En el momento en que tres o cuatro sean detenidos, el público (el malo se entiende) comprenderá que allí no se puede ir a desahogar odios.

La propuesta fue buen acogida, pues la labor del presidente sevillista en la propagación del deporte en varias acepciones (fútbol, ciclismo, atletismo, lucha) era sobradamente conocida.

Todos reconocemos en él al infatigable propagandista, espíritu altruista y luchador fiel del «futbol».

(El Correo de Andalucía 05/07/1917)

Pero era una tarea, que a día de hoy todavía no ha sido resuelta. Pasaron los años y siempre fue motivo de discusión entre los defensores de la corrección en el campo.

Se ha iniciado en muchas ocasiones la posibilidad de llegar a suprimir estos campeonatos, que solo sirven para desatar los odios y apasionamientos y mostrar el hombre orangután que lleva dentro.

(El Liberal, Sevilla 16/11/1923)

Pero la pasión tenía también su lado romántico, como el que sucedió cuando dos aficionados sportingistas no dudaron en seguir a su equipo para verlo jugar nada menos que en Sevilla.

Antes de ayer llegó a Sevilla, procedente de Gijón, el buque Ana María. En pleno viaje, de una de las lanchas salvavidas salieron dos muchachos que se hallaban escondidos y que al ser interrogados manifestaron que allá en Musel* embarcaron sin ser vistos, con el fin de presenciar el partido de fútbol que ha de celebrarse hoy domingo, en el que actúa el Sporting de Gijón.

*(Puerto de Gijón)

(ABC de Sevilla 08/12/1929)

La peripecia de una travesía de tres días no fue nada agradable para los dos jóvenes aficionados.

Concibieron la idea de hacer el viaje sin que les costara un céntimo, y como los aficionados a los toros utilizan los topes de los tranvías, ellos se metieron «de ocultis» en uno de los botes salvavidas.

Al segundo día de incómodo viaje de los polizones en el reducido espacio del bote, y como se les terminaron las provisiones de boca, salieron de su escondite y se presentaron en cubierta.

La marinería, en vez de acoger con simpatía a los muchachos, los presentaron al capitán, quién ordenó los encerraran en un cuarto.

Dicen los muchachos que los marineros les dieron varios coscorrones, los insultaron y los trataron mal.

(El Liberal, Sevilla 08/12/1929)

En esos días en Sevilla se culminaban los preparativos para la Exposición Iberoamericana a celebrar en 1929 y como Secretario Nacional de dicho evento figuraba el asturiano Romualdo Alvargonzález Lanquine, que enterado de la noticia 

se interesó por ellos, los socorrió, les dio de comer y les ofreció costearles el viaje a Gijón cuando se marche el equipo.

¡Y aquí están los asturianitos! Querían ver jugar a sus paisanos en el campo de Sevilla y lo han conseguido.

(El Liberal, Sevilla 08/12/1929)

(CONTINUARÁ)


lunes, 2 de diciembre de 2024

EL CAMPO DE AGRAMANTE


Por José Arjona

17/08/2012

Saludos.

Todavía debo descubrir si escribo para que los demás me lean, para leerme yo mismo, o para tener un sitio íntimo que pueda ver todo el mundo. Enorme contradicción, pues.

Nací en una ciudad reinventada en el Barroco. Lo digo, porque, aunque la Historia nos sitúa mucho más atrás, la Sevilla de ahora, la que nos contempla cada día, es heredera directa de aquella época del XVII en sus formas y maneras, en su concepción de lo público y los espacios, en sus aficiones y extroversiones.

Y, como heredero de una forma peculiar de contemplar la estética, mis gustos en fútbol se definen en el fútbol barroco por, digamos, formación vivencial. Para mi desgracia, seguramente, de los cuatro grandes polos que mostramos al mundo con mayor ahínco (Feria, Toros, Semana Santa y Fútbol) solo me atrae el cuarto, el Fútbol. Soy, por tanto, un sevillano incompleto o mal formado. Tampoco me traumatiza o deprime

Hay lugares en el mundo donde decir fútbol es algo más. Hay pasiones tan profundas y en tantos sitios, que traspasan los límites y alcanzan estadios superiores. Y gente que lo cuenta de manera maravillosa.

“Todos los uruguayos nacemos gritando gol y por eso hay tanto ruido en las maternidades, hay un estrépito tremendo. Yo quise ser jugador de fútbol como todos los niños uruguayos. Jugaba de ocho y me fue muy mal porque siempre fui un patadura terrible. La pelota y yo nunca pudimos entendernos, fue un caso de amor no correspondido. También era un desastre en otro sentido: cuando los rivales hacían una linda jugada yo iba y los felicitaba, lo cual es un pecado imperdonable para las reglas del fútbol moderno.”

(Eduardo Galeano)

Sabido es, que los dioses griegos eran caprichosos y volubles, y que gozaban y se saturaban de todos los vicios y virtudes que, además de las propias de su condición olímpica, poseían los pobres mortales. Siendo que quizás por ello nos parezcan los menos “celestiales” de las divinidades de todas las mitologías.

Demasiado humanos tal vez, adolecían del componente esotérico que hace a un dios prosperar, ganar millones de adeptos, perdurar y perpetuarse en el tiempo sólidamente asentado en los bienes mundanos. El Olimpo heleno era demasiado visible, demasiado corralero y chabacano. No sería extraño que fuera fuente de inspiración para los guionistas de la inmensa mayoría de programas televisivos cuando emboban a tantos miles de ciudadanos.

Pero, aunque haya un referente tan antiguo y nítido, la necesidad obliga a avanzar unos pocos miles de años para encontrar el modelo perfecto de la frase hecha “Campo de Agramante”:

"El origen de la frase está en la obra del escritor italiano Ludovico Ariosto (1474-1533) Orlando Furioso, exactamente en el episodio narrado en el canto XXVII. La obra cuenta el ataque de los sarracenos a París y la defensa de las tropas de Carlomagno. Cuando la capital francesa está a punto de caer, recibe la ayuda del arcángel San Miguel, que recoge a la Discordia de un convento en el que con gran polémica se elige nuevo abad y la esparce sobre el lugar en el que está acampado Agramante, el cabecilla de los invasores; de aquí también la actual frase sembrar la discordia. Los sarracenos comienzan a pelearse entre sí y estas disputas internas facilitan la victoria de Carlomagno". 

(Espasa Calpe)

Es la diosa Discordia campando por sus respetos. Es la terquedad personificada en ilustres e ilustrados, en brutos y cultos, en grandes y pequeños, en turcos y bizantinos.

“Cuenta la leyenda que los bizantinos eran bastante dados a discutir públicamente sobre memeces tales como el sexo de los ángeles, o sea, si tenían y cómo lo tenían. En estas los pillaron los turcos cuando en 1453 tomaron Constantinopla, la actual Estambul. En nuestra lengua ha quedado también la frase discutir o hablar sobre el sexo de los ángeles para hacer alusión a conversaciones vanas o intrascendentes". 

(Espasa Calpe)

Pero si algo conmueve y turba, si algo sacude los soportes que cimentan nuestras pasiones, si algo contiene la mayor de las amenazas posibles, eso es la irresponsabilidad.

Acciones irresponsables, declaraciones irresponsables, discursos irresponsables, hechos irresponsables... de todas las partes en este “litigio” falso y manipulado, mezquino y ruin. Un aluvión alucinante de usureros de verdades parciales, mentiras amplificadas, malicia pretendidamente revestida de una sutilidad que apesta.

Demasiados egos y demasiado grandes pujando en la subasta. Demasiados mintiendo sin escrúpulos, sin vergüenza, sin responsabilidad, aunque todos y cada uno pretendan enarbolar la bandera a la que escupen a diario, a erigirse en modelo cuando sus actos los muestran como rastreros y perversos y aunque se escondan detrás de un escudo, que pisotean sin rubor porque, recuerden, somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras.

Se han desatado las pasiones en la peor y más bastarda de las formas posibles y todos hemos contribuido a ello. Unos por acción y otros por omisión, y la gran mayoría en medio de los extremos y los extremistas, de los desquiciados, de los populistas, de los reaccionarios, de los resentidos, de los viscerales.

Ausencia absoluta de la dignidad y de la elegancia inherente, creía yo, que marcan unos colores, un estilo, una Historia, una forma de entender una PASIÓN. Ausencia total porque quizás nunca la tuvieron y solo el viento favorable, el que hincha las velas y procura una travesía feliz, nos ocultó el marasmo mental de que nos dotamos en su momento y que los oropeles disimularon.

Pero en llegando la calma chicha nadie quiere tomar los remos porque los culpables siempre son los otros. Y la gran mayoría asistiendo atónita a la deflagración, mirando el intercambio de misiles, de improperios, de estupideces sin respeto, sin DIGNIDAD.

Abusos de poder, abusos de posición, abusos de victimismo... todos abusan y todos son abusados.

Todos clamando por su sevillismo mientras practican tierra calcinada, sin prisioneros. ¿El Sevilla?... no, yo. Todo lo que queráis, pero yo, luego yo y al final, yo.

¡Cuánta falacia!, ¡Cuánta falsedad!, ¡Cuánto personajillo con ínfulas!, ¡Cuánto poder en manos de enanos mentales!

Todo vale, aunque nos vistamos con ropa de marca y seamos exquisitos en la mesa, aunque nos llamen “señor”, aunque aglutinemos miles de seguidores, aunque llenemos de trofeos la sala, aunque nadie nos lea o, aunque nos odien.

No importa, da igual. Hoy son estos y mañana serán otros, y todos eludiendo los remos: La RESPONSABILIDAD, el CLUB, el ESCUDO, la BANDERA, los COLORES y la AFICIÓN.

Todos gritando y catalogando su sevillismo, porque solo gritando se puede demostrar, y porque son dueños de la verdad absoluta, porque el fin justifica los medios, porque ... ¿vale todo?

Dioses de barro.


Cuidaros.