lunes, 16 de marzo de 2026

¿DEBERÍA VOLVER MONCHI AL SEVILLA FC?

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Por Carlos Romero - @CarlosRomeroSFC

Nadie puede discutir que el Sevilla cuenta con uno de los más afamados directores deportivos del elenco nacional, como es Antonio Cordón, pero solo es un director deportivo al uso.

Esto debería hacernos comprender, incluso teniendo a uno de los mejores, qué ha sido y qué ha supuesto tener una figura al frente de la parcela deportiva de la institución sevillista como es Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi.

Sin ambages ni florituras: cada minuto que el Sevilla FC pasa sin Monchi se transforma en una hemorragia que no se puede permitir. La entidad pierde talento a borbotones en la parcela deportiva y los dirigentes no hacen nada para detener el desastre.

Monchi trasciende la figura estándar del director deportivo al uso. Con él no se trata solo de fichar y ya está, cosa que hace cualquier director deportivo. Si lo dejan trabajar, ficha con mayor acierto, con proyección de futuro, aportando a la economía del club y haciendo sentir a la afición el sevillismo que brota de sus entrañas. Hace de su equipo un fortín inexpugnable en la mayoría de las ocasiones, inyecta veneno en las venas a los jugadores, los eleva a un nivel superior y los lleva hasta la victoria final.

Siente el Sevilla FC, lo lleva en la sangre, sufre con su equipo.

¿En qué club vemos un director deportivo así? En ninguno. Sencillamente no existe. Es una figura singular que la entidad nervionense ha tenido la suerte de tener entre sus filas.

Hablar, por mi parte, de los motivos de sus distintas salidas del club sería meterme en camisa de once varas. Simplemente piense usted mal: acertará y todas las respuestas serán correctas, aunque alguno haya salido a desmentirlo públicamente. Y aquí me callo. Blanco y en botella.

Monchi ha estado en cada título que el Sevilla FC ha ganado en su historia contemporánea —recordemos que el fútbol es eso que se compite para ganar—. Nos ha llevado a la gloria. Ha estado en todos los momentos económicos boyantes con la fórmula de fichar jugadores que se revalorizaron hasta el infinito.

Capaz de declarar que hubiese retirado al equipo del Bernabéu para endemoniar a las hordas nacional-madridistas, a los catetoides, a la central lechera periodística, todos juntos en masa odiando al Sevilla FC para regocijo de los yonkigitanistas sevillistas, a los que se les ponía como la pata de un paso al verlos enrabietados.

O decir: «Vamo a cantá el himno» en una temporada desastrosa en Liga y en la que nos hizo campeones europeos de nuevo.

Como en todas las guerras, la propaganda hace acto de presencia, y en las del fútbol no se hace esperar. Algunas achacarán a Monchi algún tipo de desastre económico en la última temporada en la que estuvo, pero, en caso de ser así, el que les escribe tiene el convencimiento de que era la única persona que nos podía sacar de él. De hecho, los que están no nos han sacado, sino que lo han agravado. Solo debemos recordar aquellos tiempos de Alés, ya saben, en los que no había dinero ni para balones y en los que Monchi, en pocos años, fue capaz de construir un equipo —la Generación del Centenario— que nos llevó a la gloria. De cero al todo, fichando sin un solo céntimo, por no hablar de los distintos equipos legendarios que construyó a lo largo de los años.

Es la persona que necesitamos en este Sevilla FC que pasa fatiguitas, con un equipo lamentable y con la moral del aficionado atravesando sus peores momentos.

Es cierto que el Sevilla FC trasciende a toda persona. Todos estamos de paso, afortunadamente incluso los presidentes nefastos y con la inteligencia de una almeja coquina; no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo soporte, moriremos de viejos y el Sevilla FC seguirá existiendo. La institución permanece, pero mientras exista esa persona que lo puede aportar —casi— todo, no podemos desecharla ni es un lujo que nos podamos permitir.

Ya estamos perdiendo el tiempo si no estamos negociando con él para su vuelta, estos o los que vengan, cuanto antes, mejor; otra cosa es que haya capacidad y entendederas para ello.


lunes, 9 de marzo de 2026

EL SENTIDO DE LA CASTA Y EL CORAJE

Por Carlos Romero @CarlosRomeroSFC
 

Si algo aprendimos del bueno de Roberto Alés a principios de los 2000, que esgrimió aquella frase de “no tenemos ni para balones”, para desasosiego del sevillismo, es que, a pesar de la ruina, no se podía dejar de invertir ni de reestructurar el club en todas las parcelas necesarias. No es que yo sea economista, doctores tiene la Iglesia, pero sí es algo que oí en repetidas ocasiones a los que saben. Sin ingresos, el camino hacia la desaparición no tiene vuelta atrás.

Era el enésimo episodio resultante de gestiones tan aberrantes de los Escobar, De Caldas y Carrión, sin mencionar los acontecimientos del descenso administrativo de Cuervas, todos sucesos acaecidos en un espacio de tiempo muy corto de un club que nunca tuvo dueño y en el que los presidentes eran elegidos por el sevillismo, teniendo en cuenta que el Sevilla FC nunca debió convertirse en SAD, pues, aunque tenía una deuda importante, su patrimonio, (estadio, ciudad deportiva) era de mucha mayor cuantía que la deuda. Nos engañaron como a un niño chico, de aquellos polvos estos lodos.

Desde aquella diabólica y maldita reconversión en SAD, el Sevilla FC tiene dueño/s y no presidentes, ese club que el sevillista sentía como suyo, pues lo era, dejó de pertenecerle de una tacada. Los de la pasta no sólo se convirtieron en dueños del club, sino que, del estadio -que tanto costó construir- y de la Ciudad Deportiva, sin que el sevillismo ya pueda decir ni mú, pues se lo regalamos a la SAD y en el pecado llevamos la penitencia.

El presidente de un club es altruista, sin ánimo de lucro, avala con su patrimonio en muchas ocasiones, o así fue antaño, las reglas de la Liga hoy cambian eso; el dueño sólo busca el beneficio para el consejo de administración y los accionistas, sobre todo para los grandes, por propia definición. El antiguo socio ahora es un cliente, le venden lo que era suyo y cuentan con la ventaja de la fidelidad que tiene por su club. También por definición, es la diferencia entre las asociaciones y las sociedades mercantiles, no es elegido el presidente más idóneo como antes, es elegido el que tiene más pasta por muy díscolo que sea.

Pero volvamos al principio de la actual historia, Alés fue parte de aquel triunvirato junto a Monchi y Caparrós, que no fue tal porque yo añado, por justicia, a José Castro Carmona que es el único que no sale en la foto, pero estuvo allí, recordemos que Utrera fue el eje geográfico puntual del Sevilla FC en aquel momento, de donde se extrajo una proto-estructura que debía comenzar a sacar al Sevilla FC de aquel pozo sin fondo y que debía ilusionar al Sevillismo. 

Realmente fue la semilla de aquel flamante Sevilla, con Monchi como alma mater, que con la entrada de JM del Nido Benavente, en sustitución de Alés, terminó de arrancar. No olvidemos que Alés veía como única salida vender el estadio e irnos a La Cartuja, afortunadamente no ocurrió.

Fue el momento de fabricar un Sevilla FC más fuerte, económica y deportivamente y Del Nido lo consiguió estructurando el club, departamentándolo, estableciendo objetivos, reavivándolo socialmente y, sobre todo, haciéndolo campeón de cosas inimaginables para propios y extraños.

Ascender del infierno a la gloria tan solo sucedió en pocos años.

El Sevilla FC fue una maquinaria perfectamente engrasada, con un presidente presidencialista, pero con los mejores profesionales al frente de cada departamento, todos reconocibles por el sevillismo, que en su terreno aportaron su buen hacer.  Esto no es algo que yo diga, los resultados estaban a la vista en todos los ámbitos.

ES-TRUC-TU-RAS

Como esto es un artículo y no un libro, (que da para ello) no entro en muchos detalles. Del Nido se vio forzado a abandonar el barco para cumplir su sentencia y José Castro, (vicepresidente) se hizo con la presidencia del consejo de administración del Sevilla FC.

Castro, al contrario que Del Nido, no fue presidencialista, dejaba que las estructuras del club rodasen por inercia, estructuras que él también ayudó a construir en la anterior etapa, hay que decirlo, apoyándose en figuras de alta dirección que llevarían el peso de la gestión. Los resultados tampoco estuvieron mal a nivel deportivo, llegaron más títulos para el club y en una situación económica envidiable.

La única duda que se planteaba sobre Castro era cómo actuaría cuando, con el paso del tiempo, las estructuras quedaran obsoletas y tener que afrontar una modernización del club adaptándose a los tiempos. A esto habría que añadir la incertidumbre sobre sus movimientos en el avispero accionarial que desembocaron trágicamente en pactos diabólicos que hipotecaron la marcha de la institución y una modernización de las estructuras que nunca llegó, el Sevilla FC contaba con un sistema de funcionamiento que cumpliría dos décadas sin demasiadas adaptaciones a los nuevos tiempos.

Muchos esperábamos que el niño Del Nido fuese tomando nota de cómo se dirigía un club grande, qué era lo que necesitaba, cuáles eran los resortes, pues estaba allí, en todo el meollo, pero parece que fue el último de la clase y estudió poco, no sabemos muy bien qué hacía, porque, hoy, cualquier parecido con aquella realidad es pura coincidencia. Escuela tuvo desde luego, igual su padre no le estrujó bien las meninges.

Junior llegó a la presidencia del Sevilla entre culebrones venezolanos sobre traiciones que nos recuerdan al apuñalamiento de César por parte de su “hijo” Bruto. Pactos extraños que todos sufrimos sin merecerlo y otras hierbas que en realidad no deberían importarnos ni un puñetero pepino, si no fuese porque nos vemos en una situación lamentable.

¿Qué quedó de aquellas estructuras?, ¿quiénes las dirigen?
¿Quién es el director general del club?
¿Quién es el director comercial del club?
¿Quién es el director social del club?
¿Quién es el director económico del club?

Al director deportivo lo vemos a veces, él es feliz, está en su mundo.
Repito, ¿dónde están las estructuras que Junior mamó durante años, que las vio de su propio padre y que hicieron funcionar al club? 

Me pregunto, ¿todas esas áreas estratégicas inherentes en un club desembocan y confluyen en la misma persona? ¿Quién es experto en dirección general, en dirección de negocios y marca, asuntos sociales, o en temas económicos al mismo tiempo? ¿Sabe de todo? ¿Tiene esa capacidad? Ni Lopera en sus mejores tiempos.

Obviamente no, a los resultados que vemos me remito, un club a la deriva económica, crispado socialmente, por no hablar de lo deportivo. Una concepción de club, no ya presidencialista, sino personalista, loperiana, picasiana, surrealista, que está punto de ser devorado por el capital extranjero, si no lo está ya, que es una pura lotería.

Lo peor de todo esto es que una vez el capital extranjero compre las acciones necesarias, sean ellos mismos los que se postulen para dirigir el club, algo que debería evitarse a toda costa.

En todo este proceso histórico que he relatado sólo hay una constante: una afición maltratada por los depredadores del Sevilla FC que se transformaron en dueños despiadados que gobiernan con puño de hierro, indolentes, con sueldos astronómicos, que algunas veces se asustan por la situación social, pero que se miran la cartera y se les pasa.

La casta y el coraje es una característica atribuible al equipo, pero impreso a hierro por una afición que debe seguir luchando, porque la afición es en sí misma la casta y el coraje. Históricamente sin moverse un ápice en la defensa del club, sin desánimo, empeñada en sacar de la institución la infección que la gangrena, debe seguir hoy siendo un martillo pilón, provocarles dolores de cabeza al grito de Junior vete ya. 

Pero lo que los dirigentes no recuerdan, para eso están los historiadores, es que siempre consiguió echarlos, tarde o temprano, de una forma o de otra, porque el Sevilla FC, por mucho que se empeñen y la legalidad les respalde, es de los sevillistas, no les pertenece.

PD.- Todos los datos que se reflejan en este artículo son de dominio público sobre los que expreso mi opinión, no revelo ni un solo dato privado.