Por Carlos Romero @CarlosRomeroSFC
Si algo aprendimos del bueno de Roberto Alés a principios de los 2000, que esgrimió aquella frase de “no tenemos ni para balones”, para desasosiego del sevillismo, es que, a pesar de la ruina, no se podía dejar de invertir ni de reestructurar el club en todas las parcelas necesarias. No es que yo sea economista, doctores tiene la Iglesia, pero sí es algo que oí en repetidas ocasiones a los que saben. Sin ingresos, el camino hacia la desaparición no tiene vuelta atrás.
Era el enésimo episodio resultante de gestiones tan aberrantes de los Escobar, De Caldas y Carrión, sin mencionar los acontecimientos del descenso administrativo de Cuervas, todos sucesos acaecidos en un espacio de tiempo muy corto de un club que nunca tuvo dueño y en el que los presidentes eran elegidos por el sevillismo, teniendo en cuenta que el Sevilla FC nunca debió convertirse en SAD, pues, aunque tenía una deuda importante, su patrimonio, (estadio, ciudad deportiva) era de mucha mayor cuantía que la deuda. Nos engañaron como a un niño chico, de aquellos polvos estos lodos.
Desde aquella diabólica y maldita reconversión en SAD, el Sevilla FC tiene dueño/s y no presidentes, ese club que el sevillista sentía como suyo, pues lo era, dejó de pertenecerle de una tacada. Los de la pasta no sólo se convirtieron en dueños del club, sino que, del estadio -que tanto costó construir- y de la Ciudad Deportiva, sin que el sevillismo ya pueda decir ni mú, pues se lo regalamos a la SAD y en el pecado llevamos la penitencia.
El presidente de un club es altruista, sin ánimo de lucro, avala con su patrimonio en muchas ocasiones, o así fue antaño, las reglas de la Liga hoy cambian eso; el dueño sólo busca el beneficio para el consejo de administración y los accionistas, sobre todo para los grandes, por propia definición. El antiguo socio ahora es un cliente, le venden lo que era suyo y cuentan con la ventaja de la fidelidad que tiene por su club. También por definición, es la diferencia entre las asociaciones y las sociedades mercantiles, no es elegido el presidente más idóneo como antes, es elegido el que tiene más pasta por muy díscolo que sea.
Pero volvamos al principio de la actual historia, Alés fue parte de aquel triunvirato junto a Monchi y Caparrós, que no fue tal porque yo añado, por justicia, a José Castro Carmona que es el único que no sale en la foto, pero estuvo allí, recordemos que Utrera fue el eje geográfico puntual del Sevilla FC en aquel momento, de donde se extrajo una proto-estructura que debía comenzar a sacar al Sevilla FC de aquel pozo sin fondo y que debía ilusionar al Sevillismo.
Realmente fue la semilla de aquel flamante Sevilla, con Monchi como alma mater, que con la entrada de JM del Nido Benavente, en sustitución de Alés, terminó de arrancar. No olvidemos que Alés veía como única salida vender el estadio e irnos a La Cartuja, afortunadamente no ocurrió.
Fue el momento de fabricar un Sevilla FC más fuerte, económica y deportivamente y Del Nido lo consiguió estructurando el club, departamentándolo, estableciendo objetivos, reavivándolo socialmente y, sobre todo, haciéndolo campeón de cosas inimaginables para propios y extraños.
Ascender del infierno a la gloria tan solo sucedió en pocos años.
El Sevilla FC fue una maquinaria perfectamente engrasada, con un presidente presidencialista, pero con los mejores profesionales al frente de cada departamento, todos reconocibles por el sevillismo, que en su terreno aportaron su buen hacer. Esto no es algo que yo diga, los resultados estaban a la vista en todos los ámbitos.
ES-TRUC-TU-RAS
Como esto es un artículo y no un libro, (que da para ello) no entro en muchos detalles. Del Nido se vio forzado a abandonar el barco para cumplir su sentencia y José Castro, (vicepresidente) se hizo con la presidencia del consejo de administración del Sevilla FC.
Castro, al contrario que Del Nido, no fue presidencialista, dejaba que las estructuras del club rodasen por inercia, estructuras que él también ayudó a construir en la anterior etapa, hay que decirlo, apoyándose en figuras de alta dirección que llevarían el peso de la gestión. Los resultados tampoco estuvieron mal a nivel deportivo, llegaron más títulos para el club y en una situación económica envidiable.
La única duda que se planteaba sobre Castro era cómo actuaría cuando, con el paso del tiempo, las estructuras quedaran obsoletas y tener que afrontar una modernización del club adaptándose a los tiempos. A esto habría que añadir la incertidumbre sobre sus movimientos en el avispero accionarial que desembocaron trágicamente en pactos diabólicos que hipotecaron la marcha de la institución y una modernización de las estructuras que nunca llegó, el Sevilla FC contaba con un sistema de funcionamiento que cumpliría dos décadas sin demasiadas adaptaciones a los nuevos tiempos.
Muchos esperábamos que el niño Del Nido fuese tomando nota de cómo se dirigía un club grande, qué era lo que necesitaba, cuáles eran los resortes, pues estaba allí, en todo el meollo, pero parece que fue el último de la clase y estudió poco, no sabemos muy bien qué hacía, porque, hoy, cualquier parecido con aquella realidad es pura coincidencia. Escuela tuvo desde luego, igual su padre no le estrujó bien las meninges.
Junior llegó a la presidencia del Sevilla entre culebrones venezolanos sobre traiciones que nos recuerdan al apuñalamiento de César por parte de su “hijo” Bruto. Pactos extraños que todos sufrimos sin merecerlo y otras hierbas que en realidad no deberían importarnos ni un puñetero pepino, si no fuese porque nos vemos en una situación lamentable.
¿Qué quedó de aquellas estructuras?, ¿quiénes las dirigen?
¿Quién es el director general del club?
¿Quién es el director comercial del club?
¿Quién es el director social del club?
¿Quién es el director económico del club?
Al director deportivo lo vemos a veces, él es feliz, está en su mundo.
Repito, ¿dónde están las estructuras que Junior mamó durante años, que las vio de su propio padre y que hicieron funcionar al club?
Me pregunto, ¿todas esas áreas estratégicas inherentes en un club desembocan y confluyen en la misma persona? ¿Quién es experto en dirección general, en dirección de negocios y marca, asuntos sociales, o en temas económicos al mismo tiempo? ¿Sabe de todo? ¿Tiene esa capacidad? Ni Lopera en sus mejores tiempos.
Obviamente no, a los resultados que vemos me remito, un club a la deriva económica, crispado socialmente, por no hablar de lo deportivo. Una concepción de club, no ya presidencialista, sino personalista, loperiana, picasiana, surrealista, que está punto de ser devorado por el capital extranjero, si no lo está ya, que es una pura lotería.
Lo peor de todo esto es que una vez el capital extranjero compre las acciones necesarias, sean ellos mismos los que se postulen para dirigir el club, algo que debería evitarse a toda costa.
En todo este proceso histórico que he relatado sólo hay una constante: una afición maltratada por los depredadores del Sevilla FC que se transformaron en dueños despiadados que gobiernan con puño de hierro, indolentes, con sueldos astronómicos, que algunas veces se asustan por la situación social, pero que se miran la cartera y se les pasa.
La casta y el coraje es una característica atribuible al equipo, pero impreso a hierro por una afición que debe seguir luchando, porque la afición es en sí misma la casta y el coraje. Históricamente sin moverse un ápice en la defensa del club, sin desánimo, empeñada en sacar de la institución la infección que la gangrena, debe seguir hoy siendo un martillo pilón, provocarles dolores de cabeza al grito de Junior vete ya.
Pero lo que los dirigentes no recuerdan, para eso están los historiadores, es que siempre consiguió echarlos, tarde o temprano, de una forma o de otra, porque el Sevilla FC, por mucho que se empeñen y la legalidad les respalde, es de los sevillistas, no les pertenece.
PD.- Todos los datos que se reflejan en este artículo son de dominio público sobre los que expreso mi opinión, no revelo ni un solo dato privado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.