Por Carlos Romero - @CarlosRomeroSFC
Nadie puede discutir que el Sevilla cuenta con uno de los más afamados directores deportivos del elenco nacional, como es Antonio Cordón, pero solo es un director deportivo al uso.
Esto debería hacernos comprender, incluso teniendo a uno de los mejores, qué ha sido y qué ha supuesto tener una figura al frente de la parcela deportiva de la institución sevillista como es Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi.
Sin ambages ni florituras: cada minuto que el Sevilla FC pasa sin Monchi se transforma en una hemorragia que no se puede permitir. La entidad pierde talento a borbotones en la parcela deportiva y los dirigentes no hacen nada para detener el desastre.
Monchi trasciende la figura estándar del director deportivo al uso. Con él no se trata solo de fichar y ya está, cosa que hace cualquier director deportivo. Si lo dejan trabajar, ficha con mayor acierto, con proyección de futuro, aportando a la economía del club y haciendo sentir a la afición el sevillismo que brota de sus entrañas. Hace de su equipo un fortín inexpugnable en la mayoría de las ocasiones, inyecta veneno en las venas a los jugadores, los eleva a un nivel superior y los lleva hasta la victoria final.
Siente el Sevilla FC, lo lleva en la sangre, sufre con su equipo.
¿En qué club vemos un director deportivo así? En ninguno. Sencillamente no existe. Es una figura singular que la entidad nervionense ha tenido la suerte de tener entre sus filas.
Hablar, por mi parte, de los motivos de sus distintas salidas del club sería meterme en camisa de once varas. Simplemente piense usted mal: acertará y todas las respuestas serán correctas, aunque alguno haya salido a desmentirlo públicamente. Y aquí me callo. Blanco y en botella.
Monchi ha estado en cada título que el Sevilla FC ha ganado en su historia contemporánea —recordemos que el fútbol es eso que se compite para ganar—. Nos ha llevado a la gloria. Ha estado en todos los momentos económicos boyantes con la fórmula de fichar jugadores que se revalorizaron hasta el infinito.
Capaz de declarar que hubiese retirado al equipo del Bernabéu para endemoniar a las hordas nacional-madridistas, a los catetoides, a la central lechera periodística, todos juntos en masa odiando al Sevilla FC para regocijo de los yonkigitanistas sevillistas, a los que se les ponía como la pata de un paso al verlos enrabietados.
O decir: «Vamo a cantá el himno» en una temporada desastrosa en Liga y en la que nos hizo campeones europeos de nuevo.
Como en todas las guerras, la propaganda hace acto de presencia, y en las del fútbol no se hace esperar. Algunas achacarán a Monchi algún tipo de desastre económico en la última temporada en la que estuvo, pero, en caso de ser así, el que les escribe tiene el convencimiento de que era la única persona que nos podía sacar de él. De hecho, los que están no nos han sacado, sino que lo han agravado. Solo debemos recordar aquellos tiempos de Alés, ya saben, en los que no había dinero ni para balones y en los que Monchi, en pocos años, fue capaz de construir un equipo —la Generación del Centenario— que nos llevó a la gloria. De cero al todo, fichando sin un solo céntimo, por no hablar de los distintos equipos legendarios que construyó a lo largo de los años.
Es la persona que necesitamos en este Sevilla FC que pasa fatiguitas, con un equipo lamentable y con la moral del aficionado atravesando sus peores momentos.
Es cierto que el Sevilla FC trasciende a toda persona. Todos estamos de paso, afortunadamente incluso los presidentes nefastos y con la inteligencia de una almeja coquina; no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo soporte, moriremos de viejos y el Sevilla FC seguirá existiendo. La institución permanece, pero mientras exista esa persona que lo puede aportar —casi— todo, no podemos desecharla ni es un lujo que nos podamos permitir.
Ya estamos perdiendo el tiempo si no estamos negociando con él para su vuelta, estos o los que vengan, cuanto antes, mejor; otra cosa es que haya capacidad y entendederas para ello.
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